Despiertas.
Sus pechos en tu cara.
Su desnudez debajo de ti.
Sus manos apaciblemente en tu espalda.
Son las cinco de la mañana, está tan bonita como la noche anterior.
El despertador emite un pitido antes de que tú lo apagues, antes de que ella pueda despertarse.
Tu despertador biológico lleva en pie desde hace horas
Tu lengua en sus pezones, salteándose con tus manos.
Se retuerce y sonríe en sueños.
Con una eterna caída, una de tus manos le recorre hasta su monte de Venus, erizándole la piel.
Jugueteas con su clítoris, ella se retuerce y gimotea de manera adorablemente excitante.
Se gira, dándote la espalda, deviando tu atención a otras zonas de su anatomía.
Tus manos, sentidas expulsadas, se lo toman como revancha. Recorren su espalda hasta volver a su monte por la ladera contraria.
Mientras jugueteas con su cuerpo, le llenas la espalda de besos y mordiscos que le hacen despertar.
Te mira con deseo y te enseña los dientes, te está retando y lo aceptas con una embestida.
Tus manos agarran sus nalgas mientras te clavas en ella, y gime y jadea y se agarra al colchón con manos y dientes.
Jadeas, le azotas, quieres más y más profundo. Te pegas a ella, le agarras las tetas... Quieres más.
Se desquita de ti para poder comerte, te mira a los ojos, sus manos parecen más de dos, le agarras de la melena y le sigues el ritmo hasta que le apartas, le tumbas y bajas a sus cumbres, a explorar, a explotar las minas, a utilizar el tacto en busca de nuevas metas, en busca de sus cascadas.
Una vez saciada tu sed, vuelves a la altura de su boca, a probar sus labios superiores, a beber de su alma boca a boca.
Te introduces, una y otra y otra vez.
Calor, sudor, vecinos quejándose de los ruidos, de la música ambiental que habéis creado. Después de un rato, un buen rato, el último grito de gloria de sus labios, de tu garganta sólo jadeos, sólo placer, sólo aumentos del ritmo, sólo terminas exhausto encima de ella, sonriente, preciosa, aún aturdida.
Los desayunos nunca te han llenado y ya estás esperando al almuerzo de las doce, que seguramente se adelante, lo adelantes, como has hecho con la primera comida del día, todavía te quedan tres horas para ello, sabes que lo adelantarás en unos... ¿Cinco minutos?
Más le vale aprovechar ahora para respirar.
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