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martes, 29 de octubre de 2013

Cafeína o adrenalina, no recuerdo bien lo que era.

Vuelve el invierno, trayendo el frío físico de la mano.
Te enciendes el último cigarro, sentada en la cornisa de la azotea, mirando pasar la noche, como cada una de las que han pasado en estos últimos once años.
El cielo está estrellado e imaginado, ya que la contaminación lumínica ha apagado esos pequeños farolillos hace mucho,y la Luna creciente te sonríe, te relaja.
Corre una pequeña brisa invernal que te congela hasta los huesos, pero llevas rato sin sentir nada, horas sin sentir nada. Puede que incluso años.

Es de madrugada, la hora más oscura de la noche, te tomas tus veinte miligramos de Paroxetina diarios, te metes dentro de casa por tu ventana y sonríes, no sabes muy bien por qué, pero lo haces y empiezan a brotar lágrimas por tus mejillas.
Estás en la pared, frente a la ventana por la cual hace un minuto has entrado, la miras fijamente, coges carrerilla y saltas por ella, al vacío, sin contemplaciones.

martes, 1 de octubre de 2013

Cristal y no.

Una mesa de cristal, con un vaso de cristal, con una botella de cristal, con un cenicero de cristal lleno de colillas, con tu corazón de cristal...
No ves nada más que el humo que sale de los pulmones de tu alma, el teclado y en la pantalla una mierda escrita pensando en ella.
Te llaman al timbre, te levantas y abres, la chica con la que sales, a la que dices que quieres, sonriéndote en el umbral, se te escapa una sonrisa tonta y te das cuenta de que en la pantalla de tu portátil sigue estando lo que has escrito y ella no puede leerlo, no debe, le partirías el corazón. Te adelantas, le das un beso cariñoso y te apresuras a ir al salón y cerrar el documento.
Ella se sienta a tu lado y te empieza a contar cualquier tontería que sabe que te va a hacer sentir bien, que te va a dejar la mente en blanco, que te va a sacar mínimo una sonrisa... No le mereces y lo sabes, pero no quieres perderle, aunque sabes que, ese asunto de tu cabeza, tendréis que hablarlo.
Fuera empieza una tormenta de tamaño proporcional a la que se te avecina dentro.
Pones una película, ella está distante, pero no lo suficiente para negarse a estar pegada a ti, termináis echando el mejor polvo hasta la fecha y, aún desnudos, os ponéis a hablar.
Ella escucha, paciente, con mirada de comprensión y sabes que de verdad lo hace, tú sólo hablas, le explicas la situación y le enseñas el documento reciente. No puedes aguantar las lágrimas mientras le pides perdón y ruegas su cariño, que es lo único que te queda. Ella te abraza y te consuela, te quedas dormido en sus brazos, entre sus caricias, sabiendo que a la otra no la necesitas, sólo sientes un cariño pretérito estancado y te empiezas a dar cuenta de tu error...
Notas movimiento de cama, de ropa y de llaves, oyes la puerta cerrarse despacio sin hacer un ruido excesivo. Se ha ido. Lo entiendes, pero se ha ido dejándote solo en la tormenta.
Te levantas mareado entre lágrimas y lees la nota que te ha dejado: "lo siento, me surgió algo", entonces, sabes, que no volverá a ser nada. Que no te queda nada. Que le has perdido para siempre.