Y sólo puedo despedirte. Buenas noches, primer planeta del sistema solar.
Buenas noches, Mundo.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Ley del trinitrotolueno.
No pudimos ser. Lástima de mí y suerte la tuya.
Es un día otoñal con un frío interno que no me deja
sentir el exterior. Y te recuerdo, intentando componer una canción sin
recomponerme, diciéndote lo mucho que te odio.
Allí estabas, con tu cárdigan color borgoña, tus
pantalones vaqueros ajustados y tus botas altas de ocho ojos y cordón fuerte.
Me mirabas fijamente y yo no sabía cómo esconderme de tu mirada de fiera parda.
Una mezcla de indiferencia y “quiero devorarte”.
En mi parada, bajaste, siguiéndome; como siempre, lo
que quieres lo coges. Y ese día fui yo.
Dijiste que querías ser libre, que fuéramos a la
playa, que la ciudad te estaba asfixiando, que la mierda te llegaba al cuello.
Y me dije “¿por qué no?” y allí fuimos. Durante días estuviste haciéndome
sentir como único en el mundo. Y contándome tus historias para no dormir. Y
escuchabas mis tonterías, quién sabe el motivo. Construimos una montaña desde
donde podíamos robar las estrellas. Putas bolas de hidrógeno flameante.
Un día después me desperté y ya no estabas. Sólo una
nota de carmín en el espejo del baño. Que te aburrías y que te ibas a buscar a
alguien menos arrogante y más alocado, que te siguiera los pasos hacia una
autodestrucción utópica. Y yo, con cara de gilipollas, me abalancé hacia el móvil
para rogar tu vuelta. Comunicabas. Fui hasta tu casa y no estabas, nunca
estabas. Ni siquiera estuviste en algún momento. Tus compañeros de piso me
dijeron que te habías ido hacía tiempo, que ya no volviste a salir desnuda del
baño ni a fumarte una ele.
Estuve encerrado en casa durante días. Muchos. Los
vecinos que nunca saludaban, me dirigían la palabra para decirme que pensaban
que el olor a muerto que salía de mi apartamento era yo pudriéndome dentro. Y
bueno, sus amabilidades no iban desencaminadas.
Mis amigos diciéndome eso de “hay muchas zorras en
el bosque” y yo intentando comportarme como un adulto. Girando sobre mí mismo.
Antes de ti, tenía unas ganas increíbles de comerme
el mundo entero. No he vuelto a coger mi vida para nada.
Antes de ti, mi sangre no quemaba. Maldito día de lluvia y metro en el que
conocí tu mirada.
Culpa del bamboleo de tus crestas ilíacas. Ilíada
que formaste con tu partida.
Pasé días mirando a las musarañas y alimentándome de
techos. ¿Sabes? Te compuse mil baladas de añoranza. Y balas mal disparadas con
la culata rajada.
Estabilidad de color amarillo pálido. Cálida
explosión.
Un palacio de cartón que cada vez que llora se
deshace.
Esperándola y que no llegaba y no me di cuenta que
me tiré de su tren en marcha. De sus caderas en marcha. Fue como el
descubrimiento de que no era un tinte ocre y se trataba de un explosivo.
Sigo esperando en las vías, que llegan a mis venas,
a ver si llega un tren que me devuelva el viaje.
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