miércoles, 28 de mayo de 2014
Llamas de mis cenizas.
La noche, tan oscura y desierta como todas las anteriores. Tan sombría y triste que eriza la piel de los que no estamos con Morfeo en ella. En el silencioso ruido de mi respiración retumba un eco de soledad.
Puede que seas tú llamando a la puerta de esta casa con moqueta. Moqueta creada por las cenizas del incienso de vainilla que envuelve todo el ambiente. En efecto, ahí estás, cubierta de gran cantidad de agua por la tormenta que has sufrido hasta llegar a mi porche.
Te ves tan macilenta y tan tierna que dan ganas de besarte, pero no. No estaría bien.
Te invito a pasar a mi pequeña morada, a sentarte junto la chimenea prendida, en el sillón retorcido, el único asiento del salón, y a un gran tazón de chocolate caliente, con sólo unas gotas de leche. Yo me sirvo un té de menta y me recuesto a tu lado. Nunca entendí lo bien que te acomodaste, desde el primer día, a ese intrínseco asiento.
Empiezas a narrarme que te sientes sola con tu típica manía de rimarlo todo. Que nadie te entiende más que yo. Me ruegas que te abrace, pero no. No estaría bien. Empiezas a gimotear y tiritar, te alcanzo una manta, pero no te calma, necesitas calor humano y sabes muy bien que no puedo dártelo. Que es imposible que lo encuentres en mí.
Te haces un ovillo con la manta encima de mis piernas y cierras los ojos. Empiezas a susurrar el porqué te casaste con el vicio. Intento acariciarte la cara, que tienes aún helada pero no puedo. No estaría bien.
Y, de golpe, abres los ojos. Te encuentras abrazada a la cama por las correas de la habitación. Y gritas. Y de nuevo esos humanos vestidos de blanco. Te dicen que te vuelvas a tomar esas pastillas que te dejan exhausta, dolorida y aturdida. Te las tomas sin rechistar, prefieres estar en mi mundo que consciente. Pobrecita mía, prefieres estar en mi presencia, un ser sólo existente en tu mente antes que en la realidad.
Desde el accidente no conseguiste ser la misma… Te culpas por algo que de ninguna manera fue culpa tuya. El incendio lo devoró todo menos a ti… Por lo menos no del todo.
Has vuelto a venir conmigo, a este mundo fabricado por tu mente y sabes que no puedes seguir aquí, que no es sano, así que te he escrito una carta y la he anclado a nuestro extraño sillón.
“No merece la pena humedecer los ojos por una partida inevitable, que era lógica y se conocía de antemano. Seguiremos siendo como las golondrinas y el balcón de Bécquer, como la primavera y la alergia que conlleva, como el frío invernal y su época, como el alcohol de noventa y seis grados y las heridas abiertas... Mi alma sólo te grita que le saques las ganas de vivir, de tantas líneas curvas ya no reconocía un camino quebrado del correcto, que te has convertido en la luz que me ilumina la mirada... Pero no nos engañemos, te irás, me iré, desapareceremos de la vida del otro.
Las personas son como aviones y aeropuertos: van y vienen; está asumido, costará hacerte a la idea, pero es la idea en sí. Harás tu vida lejos, o cerca, qué más da, es la vida la que te dará la felicidad que necesitas, no yo; haré mi vida lejos, o cerca, qué se yo, pero será el tiempo quien ordene los demonios, no tú. No nos perdamos ahora, aunque duela después, hagamos que merezca la pena y llevémonos un buen recuerdo.
Somos presos del tiempo, somos los amortiguadores de los relojes de arena estropeados. Serán susurros de silencio por las mañanas, serán arañazos desgarradores por las noches. En el tiempo libre que haya, serán recuerdos que viajarán por cada tramo de piel...
Serás tú en formato lejano. No quedará otra más que doler, doler en el pensamiento ajeno hasta que el propio sufrimiento entumezca los sentidos, hasta no percibir nada de ellos.
Y no te preocupes. Estaré tan bien como siempre lo he estado. Estaré sonriendo por algún motivo tonto o serio, cercano o lejano; sonreiré por mi motivo actual o por otro creado. No perderás el tiempo pensándome. O sí, sí lo harás, pero el reconocerme como debilidad no es tu fuerte, lo sabes; pero qué le voy a hacer más que esperar que no me entregues a los brazos del olvido, ya que tú nunca al olvido serás condenada.
Y al pensar que el futuro de al lado es triste y demoledor, solamente me queda salir corriendo, pero en sentido contrario a la huída, para así poder abrazarte por última vez. Siempre he estado huyendo. Siempre estuve escondiéndome de lo que me daba miedo. Pero ahora... No le veo sentido, tú te irás y yo me quedaré sin ti.
No te sientas triste por llevar tu vida por buen camino. Nunca quise ser tu responsabilidad ni tu lastre y ni mucho menos tus frenos, quiérote en tu libertad, quiérote con tu forma de ser, quiérote como diamante en bruto escondido entre la escoria, pero te querré más cuando dejes de tener miedo a brillar y sé que a mi lado no podrás. Tienes que volar.”
Y poco a poco la casa empieza a quemarse, como el último recuerdo que tienes nuestro.
Pero el fuego no quema, se esfuma cual humo, cual lágrima en la lluvia. Me ves y
vienes corriendo a abrazarme. Te soy recíproco y poco a poco voy desvaneciéndome
mientras veo pequeños caballos salados y veloces recorrer tus mejillas.
Y entre mares de tus ojos emanantes, despiertas, esos humanos te desatan y te llevan a
la vista del psiquiatra y por primera vez en años le hablas de lo que pasó:
“Me desperté en una habitación en llamas, sin poder respirar, notando como cada tramo de mi piel caía bajo las lenguas candentes. La gente miraba. Yo no podía evitar llorar y gritar de dolor. Nadie hizo nada, ni siquiera yo misma. Cuando salí, con las quemaduras deformando mi estructura, de lejos divisé una silueta oscura, que mis cansados e ineficaces ojos no podían descifrar, sin detalles significativos. No para el resto. No para esa gente que no hace nada. No para aquellos que se aferran a la vida que se les da hecha, pero que llamó la atención de lo que quedaba de mis sentidos. Demasiado… Y me desperté en el hospital. Me dijeron que él había muerto y que yo me recuperaría. Sin él no quería.”
El médico anota cada cinco palabras que pronuncias. Su expresión no varía, se mantiene seria y con el ceño fruncido. Cuando terminas de hablar el único gesto que hace, el que tan bien conoces, es negar con la cabeza. Los celadores te vuelven a llevar a tu mansión.
Y allí estás, mirándote los pies, sentada en la cama con la cabeza hundida en tus rodillas.
martes, 27 de mayo de 2014
No sabría decirte.
A veces la vida te da un vuelco de ciento ochenta grados y se pone a hacer el pino con falda, dejándote admirar sus bajos oscuros.
A veces no encuentras el camino cuando te inforrman de "tenemos que mudarnos a otro país por trabajo" y no puedes decir nada al contrario. Nada que lo remedie.
A veces lo que consideras un gran montón de mierda no es más que la escoria haciendo crecer un diamante entre sus entrañas.
A veces la que conociste como caperucita termina siendo el lobo feroz y es mejor que la abandones en el bosque antes de que te coma.
A veces, las menos, cuando estás triste encuentras música que en vez de deprimirte te suba como la viagra.
No, querida, tú fuiste aquel plato lleno de patatas fritas que me comí de una sentada y que después no me sentó mal.
¿Quién iba a saber que te iba a querer devorar todas las horas del día? Porque ni aunque me lo recomendase el médico me lo iba a creer. Porque, vamos a ver, yo era el rey de ese planeta diminuto que decía ser un rey justo y quiso hacerte embajadora, a ti, la flor de baobab más presuntuosa, orgullosa y espinosa que existía en otro mundo.
¿Qué soy ahora? ¿El contador de estrellas? Pues no, ya no soy nada.
Me has convertido en nada. En la nada. En lo que siempre pasa.
Estarás contenta. Yo aquí perdiendo lo que no tengo y bebiendo todos los vientos por el movimiento de tu falda.
El eterno retorno que decía Nietzche. Qué razón tenía.
Y qué falta de todo tengo.
No sé, tu culo podría considerarse mi religión, me arrodillo ante él y lo alabo y lo lamo y lo muerdo y... Tus pechos mis mesías, pequeñas copas de nata y fresa que cumplen eso de "si breve dos veces bueno".
¿Me preguntas por mi pecado? Pues cuando te muerdes los labios y la sangre empieza a regar mi alma concupiscible.
¿Obsceno? ¿Me lo dices tú que eres la dueña de los movimientos de cadera, de enseñarme el camino de la sodomía y que me pone las manos para que la azote o la abofetee en busca de contrastes?
Mierda, no puedo rebatirte nada. Eres dueña y señora de mi llave maestra. Soy tu simple muñeco de goma que usas cuando te apetece o aburres.
Te arrancaría la piel a mordiscos salvajes. De esos que tú usas cuando tienes ganas de marcha, los que dejan marcas interesantes en zonas sensibles. Pero si lo hiciera me castigarías poniéndome en cuarentena de ti. Y creo que ninguno de los dos queremos eso.
Demonios, llevadme, ella es demasiado complicada para mi defectuosa inteligencia. Pero traedla conmigo, que así no me aburro.
A veces no encuentras el camino cuando te inforrman de "tenemos que mudarnos a otro país por trabajo" y no puedes decir nada al contrario. Nada que lo remedie.
A veces lo que consideras un gran montón de mierda no es más que la escoria haciendo crecer un diamante entre sus entrañas.
A veces la que conociste como caperucita termina siendo el lobo feroz y es mejor que la abandones en el bosque antes de que te coma.
A veces, las menos, cuando estás triste encuentras música que en vez de deprimirte te suba como la viagra.
No, querida, tú fuiste aquel plato lleno de patatas fritas que me comí de una sentada y que después no me sentó mal.
¿Quién iba a saber que te iba a querer devorar todas las horas del día? Porque ni aunque me lo recomendase el médico me lo iba a creer. Porque, vamos a ver, yo era el rey de ese planeta diminuto que decía ser un rey justo y quiso hacerte embajadora, a ti, la flor de baobab más presuntuosa, orgullosa y espinosa que existía en otro mundo.
¿Qué soy ahora? ¿El contador de estrellas? Pues no, ya no soy nada.
Me has convertido en nada. En la nada. En lo que siempre pasa.
Estarás contenta. Yo aquí perdiendo lo que no tengo y bebiendo todos los vientos por el movimiento de tu falda.
El eterno retorno que decía Nietzche. Qué razón tenía.
Y qué falta de todo tengo.
No sé, tu culo podría considerarse mi religión, me arrodillo ante él y lo alabo y lo lamo y lo muerdo y... Tus pechos mis mesías, pequeñas copas de nata y fresa que cumplen eso de "si breve dos veces bueno".
¿Me preguntas por mi pecado? Pues cuando te muerdes los labios y la sangre empieza a regar mi alma concupiscible.
¿Obsceno? ¿Me lo dices tú que eres la dueña de los movimientos de cadera, de enseñarme el camino de la sodomía y que me pone las manos para que la azote o la abofetee en busca de contrastes?
Mierda, no puedo rebatirte nada. Eres dueña y señora de mi llave maestra. Soy tu simple muñeco de goma que usas cuando te apetece o aburres.
Te arrancaría la piel a mordiscos salvajes. De esos que tú usas cuando tienes ganas de marcha, los que dejan marcas interesantes en zonas sensibles. Pero si lo hiciera me castigarías poniéndome en cuarentena de ti. Y creo que ninguno de los dos queremos eso.
Demonios, llevadme, ella es demasiado complicada para mi defectuosa inteligencia. Pero traedla conmigo, que así no me aburro.
Vuélame la tapa de los besos.
Déjame fallarte hasta que me caiga y no haya nadie más que tú para poder levantarme. Que no necesito más oxígeno que el que consumes, para poder vivir.
Demostremos que merece la vida la pena matándonos a llorar de risa.
Seamos un pequeño club social único, de dos personas, de dos almas distintas.
Permíteme olvidar toda mi mochila en cualquier cuneta y poder cargar contigo una más bonita y ligera.
Recuérdame cuando me siente a lo indio cabreado y deje de andar, puede que si lo haces te salte encima y te coma a versos bonitos a la oreja.
Ni se te ocurra entorpecerme en mi manera de complicarme la vida teniéndote cerca.
Conóceme hasta el más diminuto de los detalles, pero dímelo poco a poco empezando bajito.
Que el límite es el cielo, pero que para llegar allí hay que saltar muchos charcos.
domingo, 25 de mayo de 2014
No me dolía la espina clavada hasta el fondo.
Me terminé acostumbrando a ti.
Al movimiento de tus caderas al cambiar de postura en la cama.
A tus pintas desaliñadas los domingos de madrugada.
A olor que dejabas nada más salir de la ducha.
Limón.
Igual de ácida y el mismo escozor...
Tan llorosa y alicaida por dentro que me partía el alma.Y allí me apartaste, con todas las cosas que no querías sentir. Primero con el amor, la sensación de plenitud. Más tarde con el agobio, las manías, la ansiedad, la obsesión. Para terminar tirado y roto a los brazos de la soledad.
Me diste tantísimos dolores de cabeza que me quería tirar por la ventana ciento veinticinco haciendo el mejor picado de la historia.
Cada vez tu frío tacto se fue notando también por dentro.
Cada vez más escarcha y más bloques macizos de grandes dimensiones.
Y terminaste congelándome a mí.
Me hice amigo de tus miedos y aquí sigo, congelado con ellos, rezando para que pudieras quererme en algún momento de lucided
Al movimiento de tus caderas al cambiar de postura en la cama.
A tus pintas desaliñadas los domingos de madrugada.
A olor que dejabas nada más salir de la ducha.
Limón.
Igual de ácida y el mismo escozor...
Tan llorosa y alicaida por dentro que me partía el alma.Y allí me apartaste, con todas las cosas que no querías sentir. Primero con el amor, la sensación de plenitud. Más tarde con el agobio, las manías, la ansiedad, la obsesión. Para terminar tirado y roto a los brazos de la soledad.
Me diste tantísimos dolores de cabeza que me quería tirar por la ventana ciento veinticinco haciendo el mejor picado de la historia.
Cada vez tu frío tacto se fue notando también por dentro.
Cada vez más escarcha y más bloques macizos de grandes dimensiones.
Y terminaste congelándome a mí.
Me hice amigo de tus miedos y aquí sigo, congelado con ellos, rezando para que pudieras quererme en algún momento de lucided
Nos encontramos ante una difícil situación.
Eres de esas personas que dicen "joder, qué personalidad, voy a joderme la vida" pero nadie lo hace por ti, ¿verdad? No encuentras a nadie que te coja, te saque de la mierda, te limpie y esté abrazándote hasta que florezcas.
Pero ni siquiera tú te consideras una flor. Te consideras poco más que una escoria que se refugia detrás del humor y de la comida.
Nadie entiende que con esos abrazos y ese pelo seas tan fría y que haya días que no puedas más y tengas que ser tú. La de verdad. La que se arruina la vida diariamente sin necesidad de ayuda externa.
Vas de vaivenes. De pequeñas oleadas de viento que te despeinan la vida y te traen pastillas.
Y no sé, me duele verte tan mal.
Puede que sea yo quien me quiera joder la vida por ti pero no le echo huevos.
Anxiety attack
Esa maldita sensación de siempre pero inmunizada y más fuerte.
¿Quién te iba a decir a ti que el pasado te iba a perseguir durante toda tu vida, verdad, pequeña?
Con sólo saber de su existencia, de su nombre, te empieza a subir desde el sentimiento más enterrado de tu ser una sensación calificada de horrible.
Vuelves a sentirte pequeña, desvalida, insignificante, con un miedo atroz que te hiela hasta el tuétano, que te impide sentir nada más que eso.
Te ves tan delicada y frágil ahí encogida...
Cual cachorro rodeado de feroces fauces.
No te ves capaz de mantener una relación normal de ningún tipo con nadie por no saber ponerte en pie.
Empiezas con tus compulsiones pequeñas pero significantes.
Siempre preocupada por ser suficiente para quienes te importan y ni aún así.
No puedes más pero tampoco puedes tirar la toalla.
Y así estás, de baja por depresión pero sin poder cerrar.
¿Quién te iba a decir a ti que el pasado te iba a perseguir durante toda tu vida, verdad, pequeña?
Con sólo saber de su existencia, de su nombre, te empieza a subir desde el sentimiento más enterrado de tu ser una sensación calificada de horrible.
Vuelves a sentirte pequeña, desvalida, insignificante, con un miedo atroz que te hiela hasta el tuétano, que te impide sentir nada más que eso.
Te ves tan delicada y frágil ahí encogida...
Cual cachorro rodeado de feroces fauces.
No te ves capaz de mantener una relación normal de ningún tipo con nadie por no saber ponerte en pie.
Empiezas con tus compulsiones pequeñas pero significantes.
Siempre preocupada por ser suficiente para quienes te importan y ni aún así.
No puedes más pero tampoco puedes tirar la toalla.
Y así estás, de baja por depresión pero sin poder cerrar.
lunes, 19 de mayo de 2014
Hoy te diré algo.
No me salen las palabras, amor.
Fuiste más para mí que todo esto, dolor.
Hace tiempo que no olvido tu sonrisa,
que no me dolía tanto saltar desde la cornisa
y que el viento apacigüe el silencio.
Que se convierta en brisa.
Una vez éramos, una vez que se era,
ahora sólo me queda el cuento y
poco más que un espolón de la escalera.
Qué final sin perdices y sin mí.
Podría escribirte lo mucho que te quise.
Que te quiero y que me muero sin nosotros.
Y qué cornamenta más bonita
colgaste de mis paredes.
Dijiste que no significaba nadie nada,
excepto yo. Iluso y enamorado.
No sé cómo pude creerte y tragármelo todo,
hasta el engaño.
Qué guapa eras. Y qué meretriz.
La más grande de todas,
y siempre había qué comprarte.
Qué estocada tan inaguantable.
Sé que me echas de menos y
vas diciendo que te arrepientes,
pero corazón, por ti me dejé hasta los dientes.
Qué puta fuiste. Qué puta eres.
Fuiste más para mí que todo esto, dolor.
Hace tiempo que no olvido tu sonrisa,
que no me dolía tanto saltar desde la cornisa
y que el viento apacigüe el silencio.
Que se convierta en brisa.
Una vez éramos, una vez que se era,
ahora sólo me queda el cuento y
poco más que un espolón de la escalera.
Qué final sin perdices y sin mí.
Podría escribirte lo mucho que te quise.
Que te quiero y que me muero sin nosotros.
Y qué cornamenta más bonita
colgaste de mis paredes.
Dijiste que no significaba nadie nada,
excepto yo. Iluso y enamorado.
No sé cómo pude creerte y tragármelo todo,
hasta el engaño.
Qué guapa eras. Y qué meretriz.
La más grande de todas,
y siempre había qué comprarte.
Qué estocada tan inaguantable.
Sé que me echas de menos y
vas diciendo que te arrepientes,
pero corazón, por ti me dejé hasta los dientes.
Qué puta fuiste. Qué puta eres.
martes, 13 de mayo de 2014
Ríos de plata y sangre.
Entre sábanas de hielo y etílicas madrugadas.
Áspero carraspeo.
Como las olas en un papel agitándose.
Subes y bajas.
Convulsionas.
Suspiros y desgana en pequeñas gotas.
Suave como la miel.
Desde la tierra se oyen sollozos de pañuelos desgastados del uso.
Llantos que no caben.
Creces entre juegos de cartas y contratos con Rampelstinskin.
Siempre presumiendo, fanfarrón, de lo bien que se te da satisfacerlas a todas.
Satisfacerte.
El placer por el placer. Pero no.
La cagaste. Dejó de ser lo que debió para dejar paso a la nada.
Tormentas.
Te terminas fumando hasta el filtro. Pero no había.
Tus arterias terminarán explotando, pero no antes de que lo haga lo que bombea la sangre por ellas.
Admítelo, no te acuerdas de ella. O mejor dicho: no recuerdas más que a ella con lagunas.
¿Cómo era su pelo? ¿Rubia, morena, pelirroja...? ¿Tenía algún color fantasía...? ¿peliverde quizás? Tantas noches en tu cama y ni siquiera te acuerdas de ese detalle.
Sólo recuerdas los orgasmos, corrientes de escalofríos mientras te clavaba los ojos y las uñas... Esos ojos de los que se podrían escribir mil y una odas... Esos ojos color infinito...
Sólo recuerdas sus ojos y la palidez de su piel, su terso torso... Y sus cuartos trasteros.
De tus noches de desconsuelo se hizo ella eco. De tu hombría se creo su trono.
Y ni siquiera eres consciente de lo que te importaba que se bajase a cometer actos impuros en tu bajo vientre.
A tu parecer no era más que otra suculenta presa, normalita, sin ninguna característica especial más allá de lo bien que le quedaban la desnudez. Siempre seguías lo de "la virtud está en el término medio" y se te fue de las manos.
Infantes sueños.
Imberbes sentimientos que creías olvidados.
Te creíste el rey de todas sus montañas y de todas sus simas. Arrancándote por gritos de placer.
Y fuiste una presa normalita. Sin nada característico ni distintivo de las demás.
Nunca te gustaron las calurosas noches y mucho menos en verano.
Estás cayendo, no te preocupes, terminarás tocando techo... Cuando consigas refrenar tus deseos de encontrarla. Cuando dejes de querer sentirla.
Cuando vuelvas a ser ese Don Juan con ganas de todo.
Cuando vuelvas a ser ese Dandy con nada que perder.
Áspero carraspeo.
Como las olas en un papel agitándose.
Subes y bajas.
Convulsionas.
Suspiros y desgana en pequeñas gotas.
Así.
Suave como la miel.
Desde la tierra se oyen sollozos de pañuelos desgastados del uso.
Llantos que no caben.
Creces entre juegos de cartas y contratos con Rampelstinskin.
Pobre infeliz.
Siempre presumiendo, fanfarrón, de lo bien que se te da satisfacerlas a todas.
Satisfacerte.
El placer por el placer. Pero no.
La cagaste. Dejó de ser lo que debió para dejar paso a la nada.
Tormentas.
Te terminas fumando hasta el filtro. Pero no había.
Tus arterias terminarán explotando, pero no antes de que lo haga lo que bombea la sangre por ellas.
Admítelo, no te acuerdas de ella. O mejor dicho: no recuerdas más que a ella con lagunas.
¿Cómo era su pelo? ¿Rubia, morena, pelirroja...? ¿Tenía algún color fantasía...? ¿peliverde quizás? Tantas noches en tu cama y ni siquiera te acuerdas de ese detalle.
Sólo recuerdas los orgasmos, corrientes de escalofríos mientras te clavaba los ojos y las uñas... Esos ojos de los que se podrían escribir mil y una odas... Esos ojos color infinito...
Sólo recuerdas sus ojos y la palidez de su piel, su terso torso... Y sus cuartos trasteros.
El caos y su magnificencia.
De tus noches de desconsuelo se hizo ella eco. De tu hombría se creo su trono.
Y ni siquiera eres consciente de lo que te importaba que se bajase a cometer actos impuros en tu bajo vientre.
A tu parecer no era más que otra suculenta presa, normalita, sin ninguna característica especial más allá de lo bien que le quedaban la desnudez. Siempre seguías lo de "la virtud está en el término medio" y se te fue de las manos.
Infantes sueños.
Imberbes sentimientos que creías olvidados.
Pobre infeliz (xbis2)
Te creíste el rey de todas sus montañas y de todas sus simas. Arrancándote por gritos de placer.
Y fuiste una presa normalita. Sin nada característico ni distintivo de las demás.
Cazador descuartizado.
Desde el frío suelo sigues desconsolado. Nunca te gustaron las calurosas noches y mucho menos en verano.
Estás cayendo, no te preocupes, terminarás tocando techo... Cuando consigas refrenar tus deseos de encontrarla. Cuando dejes de querer sentirla.
Cuando vuelvas a ser ese Don Juan con ganas de todo.
Cuando vuelvas a ser ese Dandy con nada que perder.
martes, 6 de mayo de 2014
Despertar
"Pienso en mi vida, mientras ella duerme"
Y qué ocupará su pensamiento. Y qué será en la nocturnidad de esa mente loca, o enloquecida, que me trae sin cabeza noche sí y noche también. Vayamos juntos a ese extraño mundo donde soñamos, que con ella al lado todo me da menos miedo.
Lleva el día mal, sintiéndose sola. Yo llevo el día abrazándola, espero que se haya dado cuenta. Y si no...pronto se lo recordaré. Hasta desencajar articulaciones. Fuerte y delicada.
Le brilla la sonrisa en medio de la penumbra, como un faro, como un pez linterna en medio de una fosa abisal. A veces hasta veo destellos en sus ojos. Han tenido suficiente por hoy y se cierran solos.
Duerme, preciosa.
Y yo estoy ahí, rodeándola. Una noche de tantas. Otra más en la que desearía estar más cerca y no sé cómo. Otra más que no lo hice bien, que no supe demostrarle mi sentir. Pero después de tanto estoy empezando a aprender. Dándome cuenta de que, por permitir a la mediocridad dominar mi vida sin darle mayor importancia y causando mi desatención por todo, he conseguido acabar llenando una piscina a base de mis estupideces, que se han convertido en hielo sobre ella, y en ácido sulfúrico sobre mi cara. Y todo por no haber sido consciente antes de que el caldo de cultivo rebasara el borde. Y ahora, sabiéndome causa de su nuevo estado latente y, con la mente centrada en reaccionar, maldigo la distancia que nos separa y me encomiendo a la suerte, y a ella, para que no sea demasiado tarde ya.
Duerme, preciosa; y despierta radiante.
Perdóname por mis mil y una faltas, te lo ruego. Me he decidido a mejorar. No son sólo palabras.
Te quiero...volver a ser sol.
Funde la escarcha, y florece.
Duerme, preciosa.
Y yo estoy ahí, rodeándola. Una noche de tantas. Otra más en la que desearía estar más cerca y no sé cómo. Otra más que no lo hice bien, que no supe demostrarle mi sentir. Pero después de tanto estoy empezando a aprender. Dándome cuenta de que, por permitir a la mediocridad dominar mi vida sin darle mayor importancia y causando mi desatención por todo, he conseguido acabar llenando una piscina a base de mis estupideces, que se han convertido en hielo sobre ella, y en ácido sulfúrico sobre mi cara. Y todo por no haber sido consciente antes de que el caldo de cultivo rebasara el borde. Y ahora, sabiéndome causa de su nuevo estado latente y, con la mente centrada en reaccionar, maldigo la distancia que nos separa y me encomiendo a la suerte, y a ella, para que no sea demasiado tarde ya.
Duerme, preciosa; y despierta radiante.
Perdóname por mis mil y una faltas, te lo ruego. Me he decidido a mejorar. No son sólo palabras.
Te quiero...volver a ser sol.
Funde la escarcha, y florece.
Y que pueda yo abrazarte...y Nos.
jueves, 1 de mayo de 2014
Es un día del trabajo tirándose a un domingo.
No sé, es jueves y me siento de domingo de luto.
Puede que todo esto empezara ayer. O que lleve arrastrando el cadáver desde hace un kilómetro.
No sé, puede que sea que mis amigas siempre me han estado vendiendo por penes, por otras o por otros intereses.
No sé, puede que sea porque mis parejas siempre se han centrado en el sexo y me han vendido por coños, tetas o cuatro culos de la calle.
No sé, puede que la poca gente que me rodea sea imbécil o poco más que gilipollas.
No sé.
Puede que incluso sea porque últimamente escucho demasiado a Cheb Rubën, leo a Stanislavki o porque me gasto el poco dinero que cae en mis manos en conciertos y viajes y no en evasiones adictivas.
Quién sabe.
Puede que sea por las pastillas y sus efectos secundarios, incluso puede que este cansancio tanto físico como mental sea por carencia del afecto que necesito y no por los antidepresivos.
No recuerdo bien cuando empezó este desdén hacia la vida.
Puede que todo esto empezara ayer. O que lleve arrastrando el cadáver desde hace un kilómetro.
No sé, puede que sea que mis amigas siempre me han estado vendiendo por penes, por otras o por otros intereses.
No sé, puede que sea porque mis parejas siempre se han centrado en el sexo y me han vendido por coños, tetas o cuatro culos de la calle.
No sé, puede que la poca gente que me rodea sea imbécil o poco más que gilipollas.
No sé.
Puede que incluso sea porque últimamente escucho demasiado a Cheb Rubën, leo a Stanislavki o porque me gasto el poco dinero que cae en mis manos en conciertos y viajes y no en evasiones adictivas.
Quién sabe.
Puede que sea por las pastillas y sus efectos secundarios, incluso puede que este cansancio tanto físico como mental sea por carencia del afecto que necesito y no por los antidepresivos.
No recuerdo bien cuando empezó este desdén hacia la vida.
Hoy es un día soleado y no quiero salir de esta habitación claustrofóbica y con envidia de zulo.
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