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domingo, 5 de noviembre de 2017

A ti...

Te vivo buscando

tu sonrisa; redención, no pasar el rato

Esto es en serio.

Profundo,

saliendo de la fosa


Si quieren mis huellas dactilares,

que miren en tu espalda.

Mientras hormiguea tu cabeza

entras en resonancia.

Respiras

                      y

                                   tiemblas


                  GAIA


Aunque no te atisbe

ni con las puntas de mis dedos,

y sólo palpe coraza.

Véote, nube

pese a la niebla.

Estoy en este lado, susurrándote: "Asómate...",

como la primavera a la vida.

Porque no hay prisa.

Contigo siempre calma.


Echar al elefante que nos acompaña

Inhibir frecuencias para desinhibirnos a menudo

Menudo soy,

                                      y me haces.

Henchido también,

                                                todo a la vez.


Rabias porque me cortocircuito

Más no te quemes,

tengo agua para rato.


Y en el limbo

que hay entre echar y echar de menos

un

     acantilado

                       hecho

                                  escalera.



Se llenan

   los árboles de bosque

   la libertad de pájaros

   el sol de luz

   la paz de mar

y Yo de Ti


Llenas mi cara con tus ojos

y no pueden sino unirse los míos a los tuyos.



*********************************************


En esta turbera

Remo como Shiva

Escúchame en la orilla

Sólo un poco más.


Mueren los viejos miedos

Invéntase la historia ante mí


Volver, pero sólo a lo bueno

Ilumina una antorcha, apuntando alto

Dame una señal si me recibes

Abrieres-me corazón, matanza o fuegos artificiales.



viernes, 19 de mayo de 2017

Conductos de ventilación I.

Me vuelvo a ir:
sola, 
taciturna,
absurdamente cosificada,
codificada.
Bloqueada.

Meditabunda en cualquier pensamiento abstracto que, aún sin importancia, ocupa mis horas muertas. Es decir, todas mis horas de vida.
Nunca te dije lo importante que era tu apoyo incondicional cuando trataba de escalar castillos en el aire, porque nunca me gustó entrar por el portón. 
Los dinteles de las puertas nunca me han dado seguridad; ni siquiera en aquel terremoto que hizo caer todos los cimientos de lo que fui.
Y qué error más grande fue demostrarte lo importante que era tu apoyo categórico cuando trataba de bucear hasta las cuevas más profundas de las fosas oceánicas, sin traje de buzo ni contenedores de oxígeno, porque nunca me gustó pararme a respirar. 
El pararse siempre me resultó una pérdida de tiempo; sólo hay que ver la de él que perdí parando a saborear tus detalles y a respirar tu esencia.

El otro día estuve mirando cómo atardecía en los cristales de las ventanas del edificio de enfrente. Me sorprendí recordándonos; corriendo como almas que lleva el diablo hacia las cumbres de las colinas que rodean nuestra ciudad de cartas, siempre llegando a tiempo para ver el atardecer, refugiándonos el uno en el otro. Me sorprendí rodeada por tus brazos desde mi espalda. 
Y de golpe, el cielo se tornó difuso. Y sin previo aviso se ha vuelto de noche gracias a una capa tupida de nubes mullidas y grises oscuro. Una tormenta de rayos, truenos y lluvia ha empezado a calarme el alma mientras riega la calle.
Lástima que ya no volvamos a recuperar horas perdidas juntos; tardes en las que tú tumbado en mis piernas y yo, besándote y acariciándote los lunares de la espalda, leyendo en alto narrativa fantástica. Lástima de un final sin feliz y sin nosotros. 


Sin embargo, el repiqueteo constante en las placas de acero blindado que tengo alrededor de mi mundo interno no deja de entornar rítmicamente la puerta del desván de anhelos, enclaustrados por el bien común de lo que me queda de estructura. 
Pero no puedo hacer nada más.
Te llevaste la llave de la cerradura, y a saber qué hiciste con ella en tu huída rápida de la cueva celeste en la que me encontraba: solitaria, empapada, triste, enfadada... Después de acondicionarla haciendo que pareciera un hogar, secándome las lágrimas del cuerpo, convirtiéndolo todo en un sitio luminoso, cálido y habitable. 
Por favor, no te pienses que te estoy dando los méritos, sé que tú simplemente llegaste y aposentaste tus posaderas en lo primero que viste para observar a la criatura que se erguía delante de ti desnuda, desprotegida y frágil, con cierto miedo a lo desconocido, cierto morbo por el miedo y cierta curiosidad por ver qué era y lo que era capaz. 
Todo lo del hogar fue cosa mía, que por fin pensé haber encontrado alguien que no quemase los muebles, arrancase la moqueta o me lanzase cuchillos al cráneo.

Y cuán errada estuve, ¿verdad? 
El búnquer siempre fue una buena tumba, pero resultó que también podía ser una fortaleza. Y creció vida y plantas y emociones y sentimientos y alegría... y yo. Sólo con tu mera presencia de observador pasivo, mientras yo intentaba ser la mejor anfitriona y demostrar que al menos algo sí que merecía la pena. 
Florecí aportando lo mejor que un ser extraño, ingenuo e inexperto puede aportar: su lado más puro y todas las cosas buenas que tenía a su disposición.

De todos modos, siempre supe que lo que en su día empieza, en otro día se acaba. No me extrañó tu partida, ni siquiera me llegó a doler; ni siquiera fuiste el primero. Lo que sí hizo fue destrozarme. 
Cuando decidiste utilizar la salida de emergencia, encerrándome a mi suerte con llave, las mechas prendidas de las velas de vainilla se descontrolaron y prendieron el resín. 
Se quemó todo. 
Y sigue quemándome por dentro, porque cerraste las puertas, pero los conductos de ventilación siguen abiertos y funcionando cuasi a la perfección, por lo que sigue habiendo oxígeno que alimente el fuego.

La ironía de ti, vida, que ahora esté encerrada en mí misma, sentada en un sillón retorcido y extrañamente cómodo donde ha empezado a crecer vida aclimatada a este hábitat, debajo del portón, parándome a respirar, percibiendo todos los detalles. 
Tan seca y vacía -aunque llena de escombros- que ni llorar me sale. Visitando de vez en cuando la cornisa del conducto de respiración número veinticinco, corriendo para poder ver cuarenta y dos atardeceres en un día. 



https://www.flickr.com/photos/lord_chaos/

sábado, 15 de abril de 2017

El Rey de la Pena.

Del dolor es el mundo entero,
con todo lo que en él sucede,
con todo lo que en él sobrevive.

Porque el pánico puso las bases de la humanidad
y la afirmó sobre todas las superficies húmedas.
¿Quién puede subir al monte Aramo?
¿Quién puede permanecer en su encrucijada?

El que tiene los dedos y la frente
altas de todo pasado;
el que no adora enredos
ni simula testimonios.

El sueño, su sopor y letargo,
lo anunciará y le hará justicia.
Así deben ser los que buscan alcanzarlo,
los que buscan la presencia de la extenuación.

¡Ábranse, sábanas eternas!
¡Quédense abiertas de esquina en esquina,
y entrará el Rey del desconsuelo! 

¿Quién es este Rey de esta dicha?
¡Es el desaire, el fuerte y valiente!
¡Es el desdén, valiente en la batalla!

¡Ábranse, sentencias eternas!
¡Quédense abiertas de lado a lado,
y entrará el Rey de la angustia! 

¿Quién es este Rey del hastío?
¡Es la deidad todopoderosa!
¡Yo soy el Rey de la pena!

miércoles, 12 de abril de 2017

Revuelto pero no agitado.

Hay pocas estrellas
y el cielo está
demasiado tapado
como para ver algún ovni.

Me he despertado a las tantas de la madrugada y estoy fumando en la ventana de una habitación desconocida. Hay gente desnuda -o a medio desnudar- por todas partes, al igual que los restos de drogas y vasos usados.
No conozco a nadie,
ni siquiera recuerdo los últimos meses,
pero tengo la sensación de que los he pasado con los cadáveres durmientes por aquí enterrados.
Y mientras llego a fumarme hasta las letras,
mientras te escucho repiquetear dentro de mi cráneo,
sólo me planteo por qué hago esto.
Por qué sólo llego a evadirme cuando llego al punto de ser un muerto viviente siguiendo la corriente del río que lo arrastra.
Cuándo he llegado al fondo de la caverna o cuándo me perdí circunscribiendo un cuadrado infinito.
Apago la colilla en un vaso de agua y me voy. Tengo que sortear piernas, cascotes de vasos y botellas rotos, babas fluyendo de las bocas de comatosos tirados, brazos, ropa, bisutería... Hasta que encuentro la salida.
Tú, sin embargo, me chillas al tímpano desde el martillo, haciendo ecos por fuera del ser que muevo. No conozco el lugar por el que soy la única transeúnte nocturna, pero no importa, todos los caminos llegan al hipocentro de este terreno roto.
Trato de recordar algo que no tenga que ver contigo viviendo en mi cabeza, pero qué hacía yo antes de todo este drama griego. 

No necesito
seguir alimentando
este malestar
engendrado
y sentido
por algo
efímero. 

*       *       *

Noche de caza nocturna.
Algún beodo imbécil se me acercará en la barra con la intención de echar un polvo rápido y vomitivo.
Le rechazaré la conversación, incluso las copas a las que querrá invitarme. 
Me preguntará algo tan típico como que por qué no bebo algo con él o la de qué hace una chica como yo en un bar tan sola.
Yo seré borde, el insistirá, me contará su vida, me dirá que le dé un abrazo y, como hasta que no se lo dé no parará de presionarme, se lo daré.
Se lanzará a besarme, seguro de que el abrazo era la señal oficial para hacerlo, le esquivaré y su mirada seguida de "pero vamos mujer, no seas tan arisca". Y entonces será mi turno de llevar el baile.
Le miraré directamente a los ojos, veré su mayor debilidad, lo que le reconcome por dentro y le mata. 
Lo sacaré a colación, con una sonrisa, por supuesto. Se pondrá nervioso, querrá huir, pero no le dejaré hacerlo. Y se quedará mirándome a los ojos, pidiéndome clemencia, aguantando las lágrimas, esperando algún amigo que pase y le salve de esta tortura psicológica. Y sólo cuando deje de poder contener la primera lágrima, tachándola de un "caso raro de llorera por sequedad", dejaré que abandone mi presencia. 
Desapareceré de su vista y esperaré a que un nuevo sujeto ocupe mi lado de la barra y vuelta a empezar.
Pero hoy es diferente, 
sólo tengo ganas de despachar rápidamente a los que se me acerquen 
con los tópicos de mierda y las frases obsoletas. 
Que me dejen disfrutar del alcohol. 
Que me dejen pensar en mis tonterías, en mi mundo. 
Que me dejen evadirme de una maldita vez.


Me es cansada
y aburrida
la rutina.

*       *       *



El camarero es mi pastor nada me falta. 
En un taburete me hace descansar,
a las aguas etílicas me conduce, 
me da nuevas ganas
y me lleva por caminos tambaleantes,
haciendo honor a su nombre.
[...]  
Y en tu bar, oh, camarero, por siempre viviré.

*       *       *

Otro día más de calentamiento global de pantalones y ropas internas. 
De ocupar un reposaculos en la barra de un bar y seguir pensando en lo bonito que sería asentar la cabeza en el hombro de una persona que te de la exclusividad que le dan los niños a su juguete favorito. No te malinterpretes, no es que seas un juguete con el que jugar, es que quieres unos juegos especiales. 
Quieres unas risas previas
y un cariño postcoital,
que dure 
hasta que tengas 
las tetas cansadas 
de la misma boca. 
Quieres un juego,
en el que tu sensibilidad 
se vea reforzada 
positivamente 
por la diarrea 
de un estreñido emocional. 
Y merezca la pena hacer locuras; como presentarte en mitad de su trabajo sólo con una gabardina, para decirle "te quiero" y enseñarle lo que le espera poco más tarde. Como terminar llenos de heridas y moretones por todo tramo de superficie cutánea. En el que Siberia termine derretida, moviendo sin parar las patas traseras del gusto, y  que tu diafragma siga la frecuencia cardíaca de un diapasón.

Sólo quieres una corriente que no sea pasajera, que no sea una brisa marina; que sea un torrente de agua, que se evapore y te forme en nubes y que al descargarte, forméis arcoíris.
Sólo quieres un túnel que no sea un pasaje, que no sea un paso a través; que sea un laberinto de los que la gente muere intentando encontrar la salida, que te pierdas pero no quieras salir de él por las maravillas que alberga y te guíe hasta su centro y que si encuentras la salida, te de motivos para volver a perderte.
Sólo quieres un individuo que no sea pasajero, que no sea un equipaje más; que sea el revisor de tu tren, que conozca a los viajeros que tienes dentro y te cuide de que ninguno te ensucie el interior y que si lo hacen, ayude a limpiarte y que vuelvas a brillar, portando lo mejor que te pase.

 *       *       *

Y lo que creíste haber encontrado sólo es un pequeño grillo metido en tu memoria, esbozándote miradas de ensoñación, llevándote a tu lado más oscuro e ignoto. 
Sin previo aviso, en esta huida rápida del piso ignorado y anónimo, mientras vuelves a tu tumba de cenizas de incienso de vainilla, te das de bruces con él. 
Y vais a tomar unas cervezas de artes sanas.
Te reconoce que fuiste un chupito de hierbas de después del café, ese chupito que pocas personas piden y que si lo hacen no se lo toman del todo. 
La impotencia te hace reír y acabar con las reservas.
Te busca, y quieres que te encuentre, pero por extraño que (nos) parezca te quieres más a ti misma y prefieres crujirte los huesos y dejarle sin el mapa, para que se pierda. Para que te pierda.  

Y sigues tu camino hacia la necedad del ser, hacia tu sillón retorcido e inexplicablemente cómodo. Con el ronroneo de esa necesidad de conocer a alguien que te consuma las ganas de fumar en la cornisa. Que te haga querer levantarte y te haga pensar que algo merece la pena, que alguien merece bondad; puede que también quieras un refugio en el que recluirte cuando el mundo real te aterra y del que salir consolada y con ganas de comerte el universo a pequeños lametazos, saboreándolo. 
Donde puedas recrearte y ser fuerte sin necesidad de serlo, sólo por gusto propio.
Aunque ese sonido taladrante tenga su figura y fondo, sabes que no es el momento, ni el lugar, ni el sujeto, ni el predicado; pero es mejor que tener una forma sin rostro y una ansiedad constante de pensar que nunca existirá o que lo conociste en otro momento más remoto.

Hasta más ver.

lunes, 7 de noviembre de 2016

De nuevo y de vuelta.


He vuelto a fumarte después de un idilio onírico, en la cornisa de mi ventana.
Y mientras te consumes, me consumo en tu humo; en tu inapetencia de mí, en el mundo real. Que a pesar de saber que todo era creatividad, me creé una metaficción de la que no querría despertar nunca, en la que el narrador y autor se enamora de su personaje. Porque sólo quiero algo contigo y no me sale con nadie más.
Y veo caer las gotas de los canalones rebosantes del tejado. Y veo como caen mis expectativas en cuanto a mí misma, por ti; por seguir queriendo arrastrarme para que me pises, para que me maltrates con tu indiferencia, para formar un pequeño refugio entre tus brazos cuando te vea. 
Rompiste mi sextante, perdiste mi brújula y ya no me encuentro en ningún mapa. Al final fue cierto eso de que creas adicción, de esas que te devoran por dentro y que echan sal a la tierra, impidiendo que brote nada. 

 Me llegaste a gustar tanto como mi sillón de ramas enroscadas. Querías mostrarme el mundo, sobre todo el que más te gustaba; impulsabas mis alas y me reparabas de las caídas; me obligabas a ser consciente de mi libertad. Y joder, era todo maravilloso y lleno de incienso de vainilla.


*        *        *
No leas la letra pequeña. O hazlo, pero avísame cuando lo hagas.

Me he quedado recordando el agarrarte y apoyarme en ti en el cine, en cómo me esperaste la noche que me agregaste improvisadamente a la fiesta, el apoyo que me procesabas y el que me guardases rencor por irme sin más una tarde, el que no me creyeses porque le proceso cariño a mucha gente.

[Eras Jack, el cazagigantes.]

No puedo seguir yendo detrás de ti siempre, como un perro apaleado en busca de atención, porque no sería justo para ti, porque no te mereces pasar el maltrago de aguantarme.

Y mientras recuerdo, 
se me calan los huesos del frío invernal que empieza a soplar en la calle. 
Y es por eso, que si te vuelvo a ver, intento no abrazarte, 
porque sé que si lo hago, volveré a caer rendida 
y no tendré fuerza para volver a despegarme de ti.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Desorden inconexo.

Puedo decir que te conozco mejor que nadie, 
siendo todo lo prepotente que puedo.
 
Fui la primera persona a la que contaste lo que pensabas de las estrellas del rock, de las campanas y de los abusos de autoridad contra la población.
Sé que, cada vez que sales de casa, prefieres tener los planes pensados para no andar perdiendo el tiempo; que prefieres socializar con gente de confianza al lado que sabes que, en cualquier momento, van a protegerte si necesitas ayuda; que no tienes paciencia para esperar a que las cosas se terminen de hacer cuando cocinas ni para saborear los terrones de azúcar, y que por eso los masticas.

Aún hoy, sigues rodeada de tus cenizas de vainilla, 
pequeña Nube,
 y que demasiados días te levantas y no puedes avanzar lo suficiente 
como para poder seguir viva. 

Y aquí estoy, 
mirándote mientras duermes -y mientras no descansas-, 
como un muñeco aterrador en las sombras,
con la espada y el escudo, en guardia, 
por si tuviera que proteger a todos tus dragones. 
Por si tuviera que hacer volar 
por el espacio 
naves más allá de Orión.
Haciéndome el héroe que no necesitas. 

También me contaste todas las conspiraciones racionales sobre 
ovnis, sobre la vida en las fosas abisales o sobre quienes gobiernan el mundo. 
Y tus anhelos utópicos, que podrían hacerse realidad en algún futuro paralelo 
si los humanos no fueran eso, humanos.
Siguen sin gustarte las ideas 
sobre mitologías inventadas que tienen las personas en sus cabezas, 
pero matarías por un unicornio rosa abrazable y un ruiseñor azul de la felicidad.

  Que tus técnicas de autolesión no tienen nada que ver con filos,
si no que -más bien- con caídas libres
que te destruyes en tus peores momentos sin ser consciente.

Pero sobre todas las cosas, sigues con una sonrisa en la cara después de cada caída desde el piso veintitrés, porque puedes. 

Porque nada puede dinamitarte, ni siquiera tú misma. 

Porque eres la reina del mundo y te lo estás comiendo a tu manera. 
Por eso, cada vez que conoces a alguien, 
terminas siendo un trozo de su persona, 
terminas infectándole de lo mejor que le podría pasar, 
hasta cuando no merecen la pena,
porque no crees que, 
hasta la persona más aborrecible y malvada,
no merezca un puñado de oportunidades 
para demostrar que siempre se tiene un lado bueno y bonito.

Perséfone.

Hoy hace un año de una gran cagada y veinticinco días de un gran dolor en el corazón. Como si me lo atravesaran con un florete.
Salta, pequeña Perséfone, dentro de poco nos veremos.

martes, 16 de agosto de 2016

Nunca vi algo tan a la vista.


Tiraste la toalla antes de haberte subido al "ring" del reloj, incluso antes de saber si iba a ser algo costoso; pero no puedo reprochártelo, yo lo he hecho en tantas ocasiones, que sería demasiado hipócrita. 
Eso sí, no pienses que, como -hasta ahora- he estado sucumbiendo a ti, a tus placeres, a tus encantos, a que me utilizases en tu beneficio... Sin ni siquiera interesarte por mí ni un mínimo, vaya a estarlo más. 
Me he jurado tantas veces -bajo el cielo estrellado- que no iba a volver a arrastrarme... 
Siento que ahora es en serio,  
que ya no volveré a acariciar la suavidad de tus labios; a perderme en tu sonrisa verdadera; de -hablando de verdadero amor- enamorarme (cada vez más) en las tinieblas -que tratas de esconder- detrás de tus ojos. Ni a intentar ayudarte a ser la mejor versión de ti mismo, aunque eso me cueste la vida, aunque me pidas que vuelva a hacerlo; aunque me supliques un beso más cuando nos encontremos y tú no seas tú.
Volveré a rememorar los mejores momentos, como un programa decadente en el que hacen los típicos "top ten", y a torturarme con ellos una y otra vez, pensando que podría haber sido bueno, bonito y barato
Volveré a echarme la culpa de que no fueras suficiente para mí, de que no sepas apreciarme, de no saber demostrar mi potencial para gente que no ve más allá de su ombligo. Volveré a culparme por querer ser egoísta y, también, querer que tú fueras la heroína de mi canción -aunque te tache de ello por la insana adicción que te tengo-. Que me proporcionases el subidón necesario para ver la vida de una forma más apacible, de una forma más humana. 
Para poder sentir la música. O algo dentro de mi alma.
Pero no. No eres un personaje tan significativo en este libro; aunque pudiste ser el protagonista, el papel te quedaba enorme.

*              *               *




Protección oficial de
vidas, menores.
Las flechas de sonrisas lanzadas entre
dos almas,
unidas, por sus meñiques 
con el lazo rojo
de sangre, sudor y lágrimas, 
más allá de lo físico.
Sacándole partido al viento,
a ser parte del cosmos. A las pocas
fuerzas.
Poder entre átomos
reunidos físicamente.
Químicos.
Unión molecular, 
colocando andamios 
y redes de sujeción,
por los derrumbamientos,
previstos.
Caballeros sin espada, 
ni banderas, 
que luchan por sus Dulcineas, 
sentadas en la Luna, 
desde un rocín cadavérico 
y con pocas ganas de querer trotar.
Listas de cosas, poco empaquetadas, sin un vacío. Como el relleno de acción de gracias.
Sólo vidas, inmóviles a los ojos, atómicas al alma. 

Y sin mí, un tú muy apetecible que no pudo ser y, total, puede que no nos volvamos a ver.

martes, 26 de julio de 2016

Procesos.

*

Cuarenta y cinco grados a la sombra, un embarcadero y un sopor interesante.
El sol aprieta, pero no ahoga, o eso quieres creerte mientras te evades y dices disfrutar de tu tiempo libre, pero en realidad tu vida hace años que no sabe a nada. Y cuando empieza a tornarse de olores intrigantemente agradables, huyes, porque es más sencillo que hablar claro, echarle cojones y enfrentarte a ti mismo y a la situación.

Como en el juego de mesa: apodérate del centro y tendrás la victoria asegurada, por eso escondes tu centro del mundo detrás de una máscara tupida. Detrás de una actitud egocéntrica y narcisista, con un egoísmo exacervado y una frialdad finjida. Por eso tu <<algo>>  
sonríe a través de tus ojos cada vez que alguien insiste en acercarse, por eso a veces se te escapan las sonrisas más bonitas del mundo. 
 
Y no te dejas llevar, porque prefieres dejarte arrastrar por el miedo, por la apariencia que quieres dar al mundo exterior. 
Y me entristece ver cómo te pudres dentro de la carcasa que te has formado; me entristece ver los celos que emanas cuando alguien, por el que no reconoces sentir nada, parece conectar con otra gente mejor que contigo, pero que en realidad sólo te tiene a ti, cada segundo, rondándole por la cabeza porque no quiere a nadie más en esa maraña de pensamientos. Pero al final se va, porque si no incentivas la estancia aunque sea con un agradecimiento, todo el mundo se va.
Y te regocijas en esa mentira que te has creído, hasta que vuelvas a encontrar a alguien nuevo y hagas lo mismo y volverás al "no estaba a mi altura" por cada marcha. Sin querer ver que, el que no llega a ninguna meta, eres tú, porque ese que enseñas no eres tú. 

Idiota de mí, con taras y tarada, seguiré dispuesta a ser la tabernera de bar portuario al que, al llegar, puedas emborracharte y llorar tus penas, puedas soltar el aire enrarecido que se acumula dentro -si es que algún día decides vivir- y compadecerse de ti, y curarte las heridas abiertas, animándote a dejar que alguien se acerque y que, si va a hacerte daño, seré tu fiel escudera. Pero al menos deja un botón de cuatro agujeros de propina, como forma de agradecimiento.

domingo, 3 de julio de 2016

Derretido.

Cervezas caseras.
Reacciones alérgicas en la piel.
Mejillas sonrojadas y miradas de alelamiento masivo.

Y ahora sólo estoy pagando las desdichas siguientes. Con un cúmulo-nimbo formándoseme en la garganta a punto de colapsar. Después de tanto tiempo luchando contra la resaca que me lleva al fondo, me dejo llevar, me dejo flotar.
No quiero nada que sea sin ti, porque eres el resultado esperado de la medicación sin efectos adversos. Eres la responsabilidad hecha pilar, con el toque agrio de haber perdido las ganas de hacer locuras, con la esperanza emitida por las pupilas. 
Reacciones excesivas y dramatismo ilustrado. Huidas rápidas con tropiezos de por miedo. Una vuelta dada en vida, con amnesias cada fin de beso. Momentos incómodos, miedos en medias deshilachadas y pasos en falso, amigo, con palos de ciego. En mi cara, sólo golondrinas volando de las cornisas, porque me había emocionado contigo, me estaba sintiendo hasta bien. 
Tengo el mundo sensible guardado, siguiendo unas medidas estructurales de precaución, como residuos tóxicos enfriándose, para ver si en algún momento puedo verterlos sin problema en algún lugar; pero cuando te he encontrado, ya te estabas yendo y vuelta a empezar. Sigo sin entender las indirectas ni las sutilezas ni nada de lo que me supone una dificultad social, pero siempre nos quedarán las canciones, ¿verdad?
Y resulta que es el supuesto tercer verano de mi vida y nunca te dije por qué no convenía a tu lado; te mereces algo más y mejor, no un espectro con problemas de movilidad emocional, no un lastre que de vez en cuando es gracioso y te anima a seguir avanzando pese a todo. No alguien a quien cuidar cual enfermo crónico en su lecho de muerte.

*querer a alguien significa no quedarte si vas a joderle* 

Lo único que puedo decir es que me dolió haberme ilusionado -y asumo la culpa por hacerlo- con que te apiadases de mí, con que me abrazases mucho cuando me vieras, con volver a ver la mirada cansada pero feliz por haber estado cinco minutos conmigo... Y, sin embargo, te tomaste las bromas como algo serio y lo serio como nada; ni llegué a decir que te quiero como si no volviera a salir el sol todas las mañanas.
Y sigue siendo mi culpa que siga siendo invierno dentro de mí.

lunes, 20 de junio de 2016

Qué hago contigo.

Lleva tanto tiempo avanzando sin rumbo, que cuando ha conseguido llegar a la meta, ajada y moribunda, no supo cómo sentirse.
Y tú disfrutando la vida lejos de este despojo al que un día llamaste "amor".
Lleva alimentándose de las sobras del resto del mundo tanto tiempo que la victoria le sabe extraño. A lo largo de esta caminata, ha perdido mil veces a Sam y nunca ha tenido la entereza y esa capacidad de supervivencia de Robert Neville. Ni siquiera aprendió a cazar.
Sólo se ha convertido en la casa de acogida de un millón de niños perdidos que buscaban a Peter Pan y que terminaron yéndose volando. Y ni siquiera tiene para pagar la luz o el agua, sólo para estar, sólo para ser. Y ahora mismo, una vez ha terminado todo, va a abandonar el nido, el síndrome de éste le está afectando y sólo puede compararlo a cómo se sintió cuando tú lo hiciste. Siendo las comparaciones odiosas.
No puede tomarse ni un descanso para retomar fuerzas y está bastante agotada; <<bastante>> por no decir <<demencialmente>>.

*¿Que qué espero?*

Han cambiado muchas cosas desde la última vez, tanto que su pelo se ha convertido en helechos, cuyos soros albergan esporas de esperanza desperdigándolas por todas partes, sin quedarse nada para sí. Tanto que Bryan Mills decidió no buscar ni a su hija ni a su ex mujer y mucho menos vengarse. 
Los carroñeros se han comido todo lo bonito que quedaba, hasta la brizna de luz de sus ojos. Hasta los nervios amarillos de sus iris. Recuerdo a John Wick reflejado ellos, buscándose cualquier excusa para manterse con vida y no recaer ni incumplir las normas básicas del hotel. Y a quién le importa nada ahora.


*Chirridos y balbuceos*

jueves, 5 de mayo de 2016

Con uve, como mi falda.

Te hablo desde las profundidades del visillo que cubre la ventana. 
Desde el más hondo suspiro que se escapó.

 Me abro a ti con toda la fragilidad de un cristal resquebrajado, esperando que el mazo que tienes entre las manos me termine de estallar en la cara y me convierta en una lluvia brillante. 

Me deslizo como si fueras una ladera nevada de canela en llamas. Tengo la sensación de ser una sábana de seda rodando por colinas y raíles enraizados sobre ti. 
Y tú, indiferente.
Como quien oye que ha caído un edificio sin víctimas.
Las bolsas de las ojeras que acarician las pecas veraniegas que te florecen, 
me recuerdan  
que no soy válida para ti
Sé que nunca tuve cabida en tu vida,
nunca más que una visita inesperada.
Nada más que un par de consejos 
perdidos en tu mundo. 
Sin poder ver ni a dos palmos.
Una niebla espesa nos rodea del resto cuando me abrazas y todo tiende a ser más tranquilo, apetecible.
¿Se pueden contener las ganas de comerte la boca, el alma y la vida?

*disimula mejor*

Vomitándonos buttercream de colores,
como si pudiéramos tolerar tanto azúcar
sin azufre. 
Tengo rotos los tendones
de sujetarme a ti como si fueras a salvarme,
como si no fueras a caer 
sin mí
e irte.

*                      *                      *

Cómo coño nos hemos metido, hablando de futuros inciertos, en países exóticos, como islas desiertas y conciertos de estrellas. Y nubes. Y humo. Y mensajes de socorro escritos con los dedos en la espalda.
 *inspira*
Dónde nos estamos ahogando. Las ganas de gritarte donde siempre, al oído, que me está devorando esta manía de colocarte la maldita chaqueta. Y cerrar los cajones, fumándome tu existencia, reduciendo mi capacidad pulmonar a negativos en busca de revelados.
 *espira*
Cuándo nos hemos visto en el paso de años venidos a menos y a distanciamientos innecesarios para echar a correr y aullarle al sol; y terminar quemados. Noches sedientos de locura y una gran cantidad de alcohol en sangre, donde nuestro subconsciente nos decía que arrancásemos la ropa, que vivir desnudo es vivir mejor.
 *inspira*
Por qué la cortina de tu habitación tenía esos colores vibrantes y no yo vibrándote dentro, como un consolador de ocho velocidades y cambios de marcha. Las vísceras esparcidas por el suelo siempre nos recordarán las risas mientras nos picábamos complicidad en vena y dejábamos de ver más allá del iris contraído.
 *espira*
Quiénes nos creíamos que éramos para parecer tanto y luego no llegar a nada, como en nuestras vidas; quiénes eran los de las conversaciones perdidas diciendo causales y posibilidades que ambos conocían como mentiras piadosas para no morir solos , aunque haciendo caso omiso a la sirena del barco advirtiendo de estar cerca de las rocas.
 *expira*
  Y qué hacemos ahora.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Ahí queda todo: en nada.

Y te despiertas en un hospital, siendo atendida por seres sin rostro. Sin música. Y sólo sabes que los lavados de estómago duelen, que te dicen que no vuelvas a hacerlo y que no toques el alcohol, ni para desinfectarte las heridas. Que te quieren internar. Que fuera te está costando demasiado sobreponerte. Que después de todo, sigues sin adaptarte a nada.

Un día te levantas y ves que las ventanas vuelven a estar tapiadas y que el incienso está encendido. A saber cuánto lleva así o si alguna vez no lo estuvo. 
La moqueta vuelve a estar oculta debajo de toneladas de cenizas y no sabes qué ha pasado ni por qué la música ha dejado de sonar. 


Innecesaria. Inútil. Inestable.

"Al fin de cuentas no era más que una ilusión auditiva", piensas. 
Te sientas delante del piano de pared y recuerdas a Emily, pero tú no estás muerta y ni siquiera sabes tocar los platillos.

"Sensible"
"Dramática"
"Susceptible"
"Ingenua"

Sustituida en poco más de un mes como quien tira un cuadro porque no pega con el resto del salón. Y queda más bonita la pared en blanco. 
Sales dando un portazo y ni siquiera llevas llaves; necesitas tu cornisa del piso veintitrés. Y fumarte todo lo que tenías escondido de miradas indiscretas. Las cajetillas al día habían sido cosa del pasado, pero ya no tiene sentido. 
Miras la ciudad a la hora de la siesta y parece tranquila, parece que no hubiera desastres mundiales dentro de cada casa. Y piensas en cómo has vuelto a esta situación y dónde se habrá quedado tu cuerda de seguridad.
Pareces una chimenea en invierno. Y a todos has dejado de importar, mejor dicho: en todos has dejado de encontrarte. Hasta de ti misma. Y lo que en su día fue algo, hoy se queda como Missa pro defunctis.

¿Y dónde se han quemado las promesas?

Y miras su regalo de cumpleaños y no sabes si esperar a la fecha, enviarlo ya o quemarlo contigo. 

martes, 9 de junio de 2015

Hay demasiado contrapeso en la balanza.

Entra el olor a lluvia por la ventana tapiada que da al vacío. Suenan los violines y, joder, qué frío.
Decepciones de gente cercana, aunque eso de que sean gente se queda corto. Más quisieran serlo, ya les gustaría. Desilusión por el vigésimo "nosecuántos" aniversario de vida inútil. Sólo espero ver a nadie.
Incompetente. Inválida. Insustancial. Improductiva.
Haber sido sustituida por unas vitaminas efervescentes, al parecer es bueno para toda la familia y amigos.
¿De qué sirve llevar al extremo eso de "ser lo mejor de una misma"? 
¿El "no hagas al resto lo que no quieres que te hagan a ti"? 
Las pastillas siguen haciendo su trabajo: joder los neuroreceptores. 
¿Y qué le puedo hacer? 
Pinchazos en el lado derecho que hacen aventurarme a ver color amarillo en mis ojos. 
¿Y a ti qué te importa? -Nada, el morbo-.
Se acerca el verano sin superar los treinta centígrados y, joder, qué mal. Verano de mi vida, te voy a pasar borracha y fumando. 
La vieja y el amar, tirada en mi playa de cenizas de incienso de vainilla, mirando con nostalgia la cornisa. Intentando ahogarse en el mar, como todos los años.
Me quedo con los "te quiero" falsos y el:
"-Voy a tapiar la charca y pondré una verja electrificada, a ver quién es el guapo que se atreve a acercarse.
-Pues yo. Qué preguntas más tontas dices." 

Cuidado con mi nombre, te va grande; pronúncialo bajito, que eres un ser humano.
Quién se acerque, que traiga la ofrenda a su dios, las monedas de cambio y hechos demostrados de sus promesas; si no, no podrá entrar en el templo.