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domingo, 20 de abril de 2014

Tardes de domingo.

Me baño en la humedad de tu bajo vientre
Yo empiezo donde termina tu espalda.
Todo sube mientras asciendo por tus piernas.

*Te estremeces*

Pequeños mordiscos por los muslos.
Caricias suaves en tus cumbres borrascosas.
Emanas calor y me pones caliente.

*Se te corta la respiración*

Me agarras del pelo y me aprietas contra tu entrepierna.
Gimes tímidamente pero te aferras a mi lengua como a un clavo ardiendo.
Agarras con fiereza a las sábanas, mientras no hacer ruido.

*Me introduzco*

Del vals al tango en tan solo unos minutos.
Sudando como si estuvieramos en un baño turco.
Te muerdo esos grandes peces rosados mientras intento llegar al fondo del asunto.

*Bajas tu mano hasta el valle*

Empiezas a acompañarme en tu obtención de placer.
 Y terminas cayendo exahusta, a mi merced.
Y cambias de posición para poder ver con detenimiento el estampado de las sábanas.

*Te azoto y te agarro de las crines*

Me aferro a tus caderas para coger el ritmo.
Estoy llegando al fondo del asunto y a ti te falta el aire.
Y sólo acabo de empezar.

*Sollozas de placer*

Has pasado de ser recatada y gritas.
Ya no sé si te duele o disfrutas, pero no pienso parar.
Tus uñas se clavan en la almohada junto con tus dientes.

*Te pongo de medio lado y aumento la presión*

Me agarro de esos bollos de crema que tan dulces, me saben.
Ya falta poco para llegar y ya veo la meta.
Y ya no sé si tanta humedad es buena o mala, pero aumenta.

miércoles, 2 de abril de 2014

Día 10

Y aquí estás, sentado en el banco de al lado del canal. Viendo el cielo. 
Tú rutina desde que eras un niño. Para alejarte del mundo. Para perderte un rato.
Nunca pensaste la cantidad de facturas que esto te pasaría.
Las horas allí sentado, viendo pasar el viento, liberándote de preocupaciones.
A tanto llegó tus ganas de evadirte, aunque sólo por un par de horas, que te perdiste la mayor parte de momentos en tu vida, como los cumpleaños, el amor o  tu familia.
Y aquí estás, esperando el momento último, tú gran despedida. 
Y llega, sin dejarte tiempo de arrepentirte, porque de nada serviría.
Parece que fue ayer cuando encontraste este lugar tan tranquilo, tan en paz. Pero han pasado muchos años.
Eres al que los niños denominan "el viejo del canal". Nunca te mueves, apenas respiras y parpadeas. 
Nunca supiste enfrentarte a la vida y de ella llevas huyendo, pero has conseguido algo que la gente normalmente no puede: encontrar la tranquilidad dentro de la ciudad.
Has sacrificado tu espacio, tu edad, pero lo has logrado.
No has sucumbido a los horarios asfixiantes, ni al estrés social, ni a las críticas, ni al mal tiempo.

Hoy llueve, en tus mejillas, sobre tu barba desaliñada. No sientes miedo. El problema es que ya no sientes nada.

Día 7

"Creo que aquí estaremos bien, León."