El sol se cuela entre mis pensamientos carmesí.
Sonido de sirenas que hacen varar mi barco, sin aliento.
Dejando una estela. Una muesca del camino tras de sí.
Sin consuelo.
Llorando una pérdida dulce de amargo regaliz.
Sintiendo una espuela clavándose en el estrado del pensamiento.
Haciéndose pedazos por ti.
Suburbios.
Eternos callejones de laberintos perdidos.
Soliloquios herméticos parecidos a mecánicos.
Sin reparaciones aparentes, sólo gritos y tacos.
Interludios infinitos y cabellos grisáceos.
Años encerrados, entre penurias viviendo.
Situación sentimental a cien grados bajo cero.
Siendo esperpento de un mal sueño.
Melancolía como melaza.
Accidente nuclear.
Como si un niño te hiciera una sonrisa propicia.
Pero lo máximo que haces es jugar con barro. Demasiada inestabilidad.
-Suspiro-
No recuerdas cuando soñar despierta era más bonito que toda esta mierda.
¿Y ahora?
Carnaza.
Sueños.
Tan necesarios como una muesca para diferenciar el solo del solo. Como saber conjugar el verbo amar.
Tranquila -respira hondo- todavía te falta para empezar a ascender. Para tocar fondo, por sin gracia.
Demasiado aferrada a tu torre de cristal.
Y así te va.
A la hora de enfrentarte al mundo explotaste.
Irremediable.
¿Y ahora?
Ahora toca luchar con el dragón de tu lado.
Porque necesitas un gran apoyo.
Porque con calma puedes conseguirlo.
Pero tienes que querer.
Pero, ¿qué quieres?
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