Vivo encerrada en mi mansión, en mi sofá retorcido, con mis ventanas tapiadas con listones de madera, el suelo lleno de las cenizas del incienso de vainilla de mi mente, debajo, el suelo de hierba cuidada, todo a oscuras, rodeada de silencio.
He dejado de hablar, de hecho lo detesto, he desistido en preguntar a la gente el típico "¿qué tal estás?", si alguien quiere desahogarse que lo haga, pero yo he dejado de estar encima de nadie.
Mis gustos no han variado nada, siguen siendo los mismos de siempre, lo único que más solidificados, de hecho estoy volviendo a lo que considero mi estilo, he conseguido a volver a ser yo.
Me he deshecho de lastres, de pesos innecesarios, pero me he cargado de mis propias mierdas.
Me hacen gracia demasiadas cosas que no son graciosas y me he vuelto muchísimo más exigente y perfeccionista que antes, demasiado. Los extremos nunca han sido buenos y yo siempre estoy en ellos.
He dejado de confiar en todo el mundo, he dejado de relacionarme, me he vuelto más autista que nunca, estoy mejor sola que rodeada de cretinos y mediocres.
Tengo un equilibrio emocional descompuesto, soy un témpano de hielo y soy marginal.
Sigo siendo una contradicción hecha persona, las tormentas me dan miedo cuando estoy dentro de casa pero no cuando estoy debajo de ellas, adoro jugar con fuego y quemarme aunque se me creen unas ampollas demasiado dolorosas, tengo miedo a las agujas, me quiero hacer más piercings y algún que otro tatuaje pero cuando me tienen que vacunar o sacar sangre me pongo malísima, temo a la oscuridad y sin embargo me paso el día a oscuras porque me siento a gusto, tengo vértigo y sigo subiéndome a los sitios más altos que encuentro, solamente por las magníficas vistas y aunque siga sin saber cómo bajar después.
Hace tiempo se me olvidó lo que se siente al perder y lo que es equivocarse, pero siempre que me ha pasado no he parado hasta conseguirlo o he enmendado y reconocido mis errores.
No soporto las mentiras de ningún tipo ni las verdades a medias, si me mientes te vas fuera de mi vida para siempre, da igual el tipo de mentira que sea, si me mientes te largas de mi vida y no vuelves.
Estoy acomplejada, mucho, demasiado. Yo no busco una pareja que "me proteja", yo busco a una pareja tan cabrón como lo soy yo, que me quiera con mis cuantiosos defectos y que me empotre para quitarme los complejos.
Nunca me vais a ver llorar aunque esté más jodida de lo que lleguéis a pensar.
Disfrazo mi mal estar interior con humor e intentando ayudar a los demás, pero eso no quita para que siga igual o peor.
Me ponen nerviosas los pitidos de algunos aparatos electrónicos que mucha gente no escucha, pero que para mí son horriblemente molestos, que quebranten mi tranquilidad y también que estén encima de mí vigilando cada cosa que hago o pidiéndome explicaciones por todo, soy una persona que nadie va a controlar, mi libertad y mi felicidad es lo primero de todo y nada ni nadie puede arrebatarmelo.
Sigue sin existir ese alguien que me conozca, que me quiera de verdad o que me demuestre que le importo, pero en mi soledad estoy perfectamente. De todas formas me he alejado del mundo, mis experiencias hablan por mí, no tengo ganas de querer a nadie cerca ni mucho menos necesitar de ese alguien.
No estoy preparada para ningún tipo de relación.
Me ha vuelto a dar por evadirme constantemente del mundo, me he vuelto una persona amargada y asquerosamente sincera.
A veces, cuando algo o alguien me resulta verdaderamente bello, se me pone cara de tonta, la belleza de las cosas y de las personas se me ha precipitado a los primeros puestos de cosas primordiales en mi vida.
La lección que llevo grabada a fuego desde que tengo cuatro años es: "quien te quiere no te abandona, quien te quiere se queda contigo en todo momento, te protege y te cuida, si esa persona se aleja de ti es porque nunca te quiso". Lo llevo al pie de la letra.
Sigo amando la fotografía, tengo miles de fotos que nadie verá y que, sin embargo, yo adoro.
Mi mejor música son los gritos de silencio entre la muchedumbre.
Los pequeños detalles de la vida no los recuerdo, pero los disfruto demasiado cuando suceden.
Sigo dando malas primeras impresiones, dando miedo, siendo borde, sigo siendo asocial y antisocial. Sigo sin saber demostrar lo que quiero, sin saber mostrar los sentimientos ni siquiera he conseguido ser menos fría.
Y sobre todo: sigo odiándome.
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