Etiquetas

martes, 4 de junio de 2013

Soy el ocaso.

Me desperté en una habitación en llamas, sin poder respirar, notando como cada tramo de mi piel caía bajo las lenguas candentes, la gente miraba, yo no podía evitar llorar y gritar de dolor, nadie hizo nada, ni siquiera yo misma
Cuando salí, con las quemaduras deformando mi estructura, de lejos divisé una silueta oscura, que mis cansados e ineficaces ojos no podían descifrar, que no tenía detalles significaticos, no para el resto, no para esa gente que no hace nada, no para aquellos que se aferran a la vida que se les da hecha, pero que llamó la atención de lo que me quedaba de sentidos, demasiado.
Y de mi boca sólo pudo salir un "ven, cúrame las heridas con alcohol de 90º".
Me escuchó, no me oyó, me escuchó, se acercó, tanto que pude apreciar su dulce aroma, ambrosía, pude identificar su mirada proyectada por sus ojos bicolor...

Cuando se es el ocaso de la mente, cuando se es la alegría de la mente...

No hay comentarios:

Publicar un comentario