No merece la pena humedecer los ojos por una partida inevitable, que era lógica y se conocía de antemano.
Seguiremos siendo como las golondrimas y el balcón de Bécquer, como la primavera y la alergia que conlleva la misma, como el frío invernal y su época, como el alcohol de 96º y las heridas abiertas...
Mi alma sólo te grita que le saques las ganas de vivir, de tantas líneas curvas ya no reconocía un camino quebrado del correcto, que te has convertido en la luz que me ilumina la mirada... Pero no nos engañemos, te irás, me iré, desapareceremos de la vida del otro. Las personas son como aviones y aeropuertos, van y vienen, está asumido, costará hacerme a la idea, pero es la idea en sí.
Harás tu vida lejos, o cerca, qué más da, es la vida la que te dará la felicidad que necesitas, no yo; haré mi vida lejos, o cerca, qué se yo, pero será el tiempo quién ordene mis demonios, no tú.
No nos perdamos ahora, aunque duela después, hagamos que merezca la pena y llevémonos un buen recuerdo.
Somos presos del tiempo, somos los amortiguadores de los relojes de arena estropeados. Serán susurros de silencio por las mañanas, serán arañazos desgarradores por las noches, en el tiempo libre que haya, serán recuerdos que viajarán por cada tramo de piel... Serás tú en formato lejano.
No quedará otra más que doler, doler en el pensamiento ajeno hasta que el propio sufrimiento entumezca los sentidos hasta no percibir nada de ellos.
Y no te preocupes estaré tan bien como siempre lo he estado, estaré sonriendo por algún motivo tonto o serio, cercano o lejano, sonreiré por mi motivo actual o por otro creado.
No pierdas el tiempo pensándome, no perderé el tiempo pensándote, o sí, sí lo haré, pero el reconocerte como debilidad no es mi fuerte, lo sabes, pero qué le voy a hacer más que esperar que no me entregues a los brazos del olvido ya que tú nunca al olvido serás condenado.
Y de sólo pensar que el futuro de al lado es triste y demoledor, solamente me queda salir corriendo, pero en sentido contrario a la huída, para así poder abrazarte, siempre he estado huyendo, siempre estuve escondiéndome de lo que me daba miedo, pero ahora... No le veo sentido, tú te irás y yo me quedaré sintigo.
No te sientas triste por llevar tu vida por buen camino, nunca quise ser tu responsabilidad ni tu lastre y mucho menos tus frenos, quiérote en tu libertad, quiérote con tu forma de ser, quiérote como diamante en bruto escondido entre la escoria, pero te querré más cuando dejes de tener miedo a brillar y sé que a mi lado no podrás, tienes que volar.
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