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miércoles, 2 de abril de 2014

Día 10

Y aquí estás, sentado en el banco de al lado del canal. Viendo el cielo. 
Tú rutina desde que eras un niño. Para alejarte del mundo. Para perderte un rato.
Nunca pensaste la cantidad de facturas que esto te pasaría.
Las horas allí sentado, viendo pasar el viento, liberándote de preocupaciones.
A tanto llegó tus ganas de evadirte, aunque sólo por un par de horas, que te perdiste la mayor parte de momentos en tu vida, como los cumpleaños, el amor o  tu familia.
Y aquí estás, esperando el momento último, tú gran despedida. 
Y llega, sin dejarte tiempo de arrepentirte, porque de nada serviría.
Parece que fue ayer cuando encontraste este lugar tan tranquilo, tan en paz. Pero han pasado muchos años.
Eres al que los niños denominan "el viejo del canal". Nunca te mueves, apenas respiras y parpadeas. 
Nunca supiste enfrentarte a la vida y de ella llevas huyendo, pero has conseguido algo que la gente normalmente no puede: encontrar la tranquilidad dentro de la ciudad.
Has sacrificado tu espacio, tu edad, pero lo has logrado.
No has sucumbido a los horarios asfixiantes, ni al estrés social, ni a las críticas, ni al mal tiempo.

Hoy llueve, en tus mejillas, sobre tu barba desaliñada. No sientes miedo. El problema es que ya no sientes nada.

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