Ayer te nombré, rompiéndote, haciéndote remoto, antiguo.
Ya no me pesas, pero sigues sin ser liviano.
Ni siquiera puedo recordar el porqué de mi pérdida de gafas. Jodido subconsciente.
Hoy día, anglicismo deforme, me alegro de haberte abandonado en ese lugar añejo.
De que no sigas encima de mis hombros ni yo siga impeliendo lo inevitable.
Y, en última fase, te digo: gracias por Nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario