Pasión descontrolada entre melenas salvajes de colores oscuros, cobrizos y tendencia ondulante, que formaban un bosque perdido.
Arañazos que desgarran la piel de seda moteada y, además, marcan el camino hacia una locura inconmensurable.
Labios mordidos y sangrantes, lienzos y pinceles a la vez, que descubrían nuevos ecosistemas donde pararse a vivir por un tiempo.
Ira proyectada en la asfixia cuando el momento del éxtasis embriagaba sus almas.
Ante todo.
Turbulencias de una continuada actividad motora en busca de una mejor fricción.
Incontinencia verbal de gemidos gritados a una habitación insonorizada, llena de instrumentos musicales.
Vociferantes espectros dejándose llevar por el canto de sirenas en mares formados por fuerzas de rozamiento.
Ornamentación innecesaria con palabras, para poder definir lo sucedido en unas noches de lujuria y nada más.
-Eras, eres y serás paliativo, amor-.
* * *
Os voy a hablar de lo difícil que es el querer y no poder, en ocasiones.
De plantarse delante de alguien y no ponerte a temblar porque te genera una sensación extraña e incontrolablemente agradable. Como cuando tienes hambre y te invitan a un banquete de cosas que no te sientan mal y no puedes evitar el empacho. De arrastrarse por ver a ese alguien, anteponiéndolo a todo lo demás, por sólo unas milésimas de segundo, aparentando normalidad, como que ha surgido sin querer, como que estabas de pasada. Incluso por intercambiar dos palabras escuetas. De no querer nada de ningún tipo con nadie más.
Sentarse a intentar concentrarse en algo y que pensamientos fugaces te atraviesen la mente y te hagan sonreír como una estúpida; que te hagan sentir la persona más especial del mundo.
Y, sin embargo, saber que la realidad con ese alguien es bastante diferente. Que para esa persona sólo eres un capricho que le hace pasar buenos ratos, que sólo le interesas por puro aburrimiento y sadismo.
Que te des cuenta de que todo significo nada, sólo meras ensoñaciones e ilusión exacerbada, haciéndote decidir que es mejor alejarte, ponerte unas anteojeras y tirar; y que delante sólo haya cosas suyas y ese alguien -todo el rato y en todas partes- para esquivarlo.
* * *
Y ahora sólo queda ella.
Surcada de rasguños y cicatrices, vive rodeada de árboles caducifolios y sueños podridos.
-Sueños que otros querían para ella-.
A poca distancia, puede ir a suicidarse a un mar, helado y bravío.
-Suele ir con demasiada frecuencia-.
Desde hace mucho que vive aislada; recordando de dónde viene todos y cada uno de sus días, como una tortura constante.
Pero, con el coraje de una amazona, sigue moviéndose.
Viviendo.
* * *
Cuando le conoció empezó a entender Química.
Le consideró un núcleo en torno al cual
girar, siendo un electrón. Por lo visto, resultó ser un elemento no
metálico con un único electrón en su última capa de valencia. Ganó menos
energía al dejar que se fuera.
Quizás fue ella el elemento inestable y,
al dejar que se fuera de su alrededor,
empezó a
equilibrarse.
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