Eso sí, no pienses que, como -hasta ahora- he estado sucumbiendo a ti, a tus placeres, a tus encantos, a que me utilizases en tu beneficio... Sin ni siquiera interesarte por mí ni un mínimo, vaya a estarlo más.
Me he jurado tantas veces -bajo el cielo estrellado- que no iba a volver a arrastrarme...
Siento que ahora es en serio,
que ya no volveré a acariciar la suavidad de tus labios; a perderme en tu sonrisa verdadera; de -hablando de verdadero amor- enamorarme (cada vez más) en las tinieblas -que tratas de esconder- detrás de tus ojos. Ni a intentar ayudarte a ser la mejor versión de ti mismo, aunque eso me cueste la vida, aunque me pidas que vuelva a hacerlo; aunque me supliques un beso más cuando nos encontremos y tú no seas tú.
Volveré a rememorar los mejores momentos, como un programa decadente en el que hacen los típicos "top ten", y a torturarme con ellos una y otra vez, pensando que podría haber sido bueno, bonito y barato.
Volveré a echarme la culpa de que no fueras suficiente para mí, de que no sepas apreciarme, de no saber demostrar mi potencial para gente que no ve más allá de su ombligo. Volveré a culparme por querer ser egoísta y, también, querer que tú fueras la heroína de mi canción -aunque te tache de ello por la insana adicción que te tengo-. Que me proporcionases el subidón necesario para ver la vida de una forma más apacible, de una forma más humana.
Para poder sentir la música. O algo dentro de mi alma.
Pero no. No eres un personaje tan significativo en este libro; aunque pudiste ser el protagonista, el papel te quedaba enorme.
* * *
vidas, menores.
Las flechas de sonrisas lanzadas entre
dos almas,
unidas, por sus meñiques
con el lazo rojo
de sangre, sudor y lágrimas,
más allá de lo físico.
Sacándole partido al viento,
a ser parte del cosmos. A las pocas
fuerzas.
Poder entre átomos
reunidos físicamente.
Químicos.
Unión molecular,
colocando andamios
y redes de sujeción,
por los derrumbamientos,
previstos.
Caballeros sin espada,
ni banderas,
que luchan por sus Dulcineas,
sentadas en la Luna,
desde un rocín cadavérico
y con pocas ganas de querer trotar.
Listas de cosas, poco empaquetadas, sin un vacío. Como el relleno de acción de gracias.
Sólo vidas, inmóviles a los ojos, atómicas al alma.
Y sin mí, un tú muy apetecible que no pudo ser y, total, puede que no nos volvamos a ver.
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