Del dolor es el mundo entero,
con todo lo que en él sucede,
con todo lo que en él sobrevive.
Porque el pánico puso las bases de la humanidad
y la afirmó sobre todas las superficies húmedas.
¿Quién puede subir al monte Aramo?
¿Quién puede permanecer en su encrucijada?
El que tiene los dedos y la frente
altas de todo pasado;
el que no adora enredos
ni simula testimonios.
El sueño, su sopor y letargo,
lo anunciará y le hará justicia.
Así deben ser los que buscan alcanzarlo,
los que buscan la presencia de la extenuación.
¡Ábranse, sábanas eternas!
¡Quédense abiertas de esquina en esquina,
y entrará el Rey del desconsuelo!
¿Quién es este Rey de esta dicha?
¡Es el desaire, el fuerte y valiente!
¡Es el desdén, valiente en la batalla!
¡Ábranse, sentencias eternas!
¡Quédense abiertas de lado a lado,
y entrará el Rey de la angustia!
¿Quién es este Rey del hastío?
¡Es la deidad todopoderosa!
¡Yo soy el Rey de la pena!
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