Y aquí estás, sentado en el banco de al lado del canal. Viendo el cielo.
Tú rutina desde que eras un niño. Para alejarte del mundo. Para perderte un rato.
Nunca pensaste la cantidad de facturas que esto te pasaría.
Las horas allí sentado, viendo pasar el viento, liberándote de preocupaciones.
A tanto llegó tus ganas de evadirte, aunque sólo por un par de horas, que te perdiste la mayor parte de momentos en tu vida, como los cumpleaños, el amor o tu familia.
Y aquí estás, esperando el momento último, tú gran despedida.
Y llega, sin dejarte tiempo de arrepentirte, porque de nada serviría.
Parece que fue ayer cuando encontraste este lugar tan tranquilo, tan en paz. Pero han pasado muchos años.
Eres al que los niños denominan "el viejo del canal". Nunca te mueves, apenas respiras y parpadeas.
Nunca supiste enfrentarte a la vida y de ella llevas huyendo, pero has conseguido algo que la gente normalmente no puede: encontrar la tranquilidad dentro de la ciudad.
Has sacrificado tu espacio, tu edad, pero lo has logrado.
No has sucumbido a los horarios asfixiantes, ni al estrés social, ni a las críticas, ni al mal tiempo.
Hoy llueve, en tus mejillas, sobre tu barba desaliñada. No sientes miedo. El problema es que ya no sientes nada.
miércoles, 2 de abril de 2014
martes, 11 de marzo de 2014
Melaza.
Despierto.
El sol se cuela entre mis pensamientos carmesí.
Sonido de sirenas que hacen varar mi barco, sin aliento.
Dejando una estela. Una muesca del camino tras de sí.
Sin consuelo.
Llorando una pérdida dulce de amargo regaliz.
Sintiendo una espuela clavándose en el estrado del pensamiento.
Melancolía como melaza.
Pero, ¿qué quieres?
El sol se cuela entre mis pensamientos carmesí.
Sonido de sirenas que hacen varar mi barco, sin aliento.
Dejando una estela. Una muesca del camino tras de sí.
Sin consuelo.
Llorando una pérdida dulce de amargo regaliz.
Sintiendo una espuela clavándose en el estrado del pensamiento.
Haciéndose pedazos por ti.
Suburbios.
Eternos callejones de laberintos perdidos.
Soliloquios herméticos parecidos a mecánicos.
Sin reparaciones aparentes, sólo gritos y tacos.
Interludios infinitos y cabellos grisáceos.
Años encerrados, entre penurias viviendo.
Situación sentimental a cien grados bajo cero.
Siendo esperpento de un mal sueño.
Melancolía como melaza.
Accidente nuclear.
Como si un niño te hiciera una sonrisa propicia.
Pero lo máximo que haces es jugar con barro. Demasiada inestabilidad.
-Suspiro-
No recuerdas cuando soñar despierta era más bonito que toda esta mierda.
¿Y ahora?
Carnaza.
Sueños.
Tan necesarios como una muesca para diferenciar el solo del solo. Como saber conjugar el verbo amar.
Tranquila -respira hondo- todavía te falta para empezar a ascender. Para tocar fondo, por sin gracia.
Demasiado aferrada a tu torre de cristal.
Y así te va.
A la hora de enfrentarte al mundo explotaste.
Irremediable.
¿Y ahora?
Ahora toca luchar con el dragón de tu lado.
Porque necesitas un gran apoyo.
Porque con calma puedes conseguirlo.
Pero tienes que querer.
Pero, ¿qué quieres?
lunes, 24 de febrero de 2014
Más de ocho mil setecientas sesenta horas.
Éramos la envidia de todo el mundo.
Empezamos siendo Jane y Spiderman, o eso pensaste.
Creíste que esto sería como el universo.
Empezamos siendo Jane y Spiderman, o eso pensaste.
Pero siempre fuiste más de Batman y yo del Joker siendo Harley Quinn.
Y obviamente la relatividad hizo el resto.
¿Sabes? Ya sé qué hicimos mal: forzarnos. Forzarnos a querernos.
Pero no tener fuerza para amarnos.
Estuvimos estirando la goma hasta el punto de ruptura.
*Qué bonita coincidencia, ¿no crees?*
¿Qué íbamos a saber nosotros si fuimos unos come mocos sin límites porque alguien nos quisiera de alguna forma "más allá"? Si arriesgábamos hasta los abrazos por necesidad.
Por miedo al abandono.
Sabía que estaba mal. Que estabas mal.
Sabíamos perfectamente la situación el uno del otro.
Y sin embargo estuvimos torturándonos.
*Qué ácido era y qué dulce nos sabía*
Sabiendo que terminaríamos mal pero perfectamente.
En su día pensé que serías mi Marla, pero nunca toqué fondo.
Y ahora, yo por lo menos, he encontrado estabilidad con mis quemaduras químicas.
Felicidad con otra persona.
Cosa que nosotros tuvimos de malas maneras.
Como supimos.
Y aquí estamos, cada cual por su avenida.
Fue un placer conocerte, pero después de decirte más de cinco veces "Adiós" no quiero que vuelvas, ni quiero verte.
*Ni siquiera volvería a cometer esos
atentados contra nuestras vidas*
miércoles, 12 de febrero de 2014
Como si pudiera comerme las estrellas una a una.
¿Qué haces?
¿Sigues perdiendo el tiempo?
¿Y el calor? ¿qué ha sido de él?
No hay fuego. Por lo menos no lo ves. Sólo humos que te nublan la vista.
¿Y el camino que recorres? ¿está ahí? ¿lleno de piedras o de minas?
La senda del mismo es vacío oscuro. ¿Recuerdas de colores todo aquello?
Podría ser.
Inundándote. Sin salir a flote. Sin nada.
Suelas desgastadas.
¿Ahora? ¿qué es eso?
*Te aclaras la garganta*
Silencio.
¿Quién sabe?
Obviamente tú no.
Paranoias. Dolor.
*Te sientas a esperar*
Lo que sea que venga.
Que no duela ¿o sí?
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