Etiquetas

lunes, 8 de julio de 2013

Luces de neón.

Cielo estrellado cubriendo la contaminación y tú, tirada en la terraza intentando vislumbrar alguna estrella.
Enciendes un cigarro con el Clipper de colores, ese que te encontraste en el suelo de la feria cuando todavía alguien te quería, cada calada para callar tu conciencia, con solo un pantalón corto de tela y los pechos al aire, puntos ciegos de tu vida, evasiones lentas y destructivas.
Se te acaba el fuego, el cigarro y la paciencia, miras la calle y no hay demasiada altura, no serviría de nada... Los murciélagos intentando que te distraigas, algún grillo fugitivo sonando de fondo, la Lacrimossa de Mozart resonando por tu cabeza... ¿Qué será de ti?
Una brisa refrescante te acaricia, te arropa, te cuida hasta que te de por moverte, hasta que tus piernas respondan, hasta que dejes de hacerte cicatrices en la noche.
La rosa seca del jarrón de la entrada de tu casa pierde su último pétalo, sí, esa misma que brillaba en color sangre cuando todavía alguien te quería, cuando te importabas aunque fuera un poco.
Pequeños caballitos de mar resuenan en tus mejillas y sin embargo tus ojos no muestran más que el vacío de tu alma, de cada pedazo que queda de ella.
Un vecino se te queda mirando, le alzas el dedo rey y se vuelve a meter en su casa, tú siempre tan amable con la mediocridad, tú siempre tan tú.
Decides que ya va siendo hora de que te retires a entablar conversación con el desorden de tu habitación y con tu cama, una vez más, vacía.
"Buenas noches bastardos" le gritas al mundo entre el eco de la calle vacía y rompiendo el silencio reinante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario