Te hablo desde las profundidades del visillo que cubre la ventana.
Desde el más hondo suspiro que se escapó.
Me deslizo como si fueras una ladera nevada de canela en llamas. Tengo la sensación de ser una sábana de seda rodando por colinas y raíles enraizados sobre ti.
Y tú, indiferente.
Como quien oye que ha caído un edificio sin víctimas.
Las bolsas de las ojeras que acarician las pecas veraniegas que te florecen,
me recuerdan
Sé que nunca tuve cabida en tu vida,
nunca más que una visita inesperada.
Nada más que un par de consejos
perdidos en tu mundo.
Sin poder ver ni a dos palmos.
Una niebla espesa nos rodea del resto cuando me abrazas y todo tiende a ser más tranquilo, apetecible.
¿Se pueden contener las ganas de comerte la boca, el alma y la vida?
*disimula mejor*
Vomitándonos buttercream de colores,
como si pudiéramos tolerar tanto azúcar
sin azufre.
Tengo rotos los tendonesde sujetarme a ti como si fueras a salvarme,
como si no fueras a caer
sin mí
e irte.
* * *
Cómo coño nos hemos metido, hablando de futuros inciertos, en países exóticos, como islas desiertas y conciertos de estrellas. Y nubes. Y humo. Y mensajes de socorro escritos con los dedos en la espalda.
*inspira*
Dónde nos estamos ahogando. Las ganas de gritarte donde siempre, al oído, que me está devorando esta manía de colocarte la maldita chaqueta. Y cerrar los cajones, fumándome tu existencia, reduciendo mi capacidad pulmonar a negativos en busca de revelados.
*espira*
Cuándo nos hemos visto en el paso de años venidos a menos y a distanciamientos innecesarios para echar a correr y aullarle al sol; y terminar quemados. Noches sedientos de locura y una gran cantidad de alcohol en sangre, donde nuestro subconsciente nos decía que arrancásemos la ropa, que vivir desnudo es vivir mejor.
*inspira*
Por qué la cortina de tu habitación tenía esos colores vibrantes y no yo vibrándote dentro, como un consolador de ocho velocidades y cambios de marcha. Las vísceras esparcidas por el suelo siempre nos recordarán las risas mientras nos picábamos complicidad en vena y dejábamos de ver más allá del iris contraído.
*espira*
Quiénes nos creíamos que éramos para parecer tanto y luego no llegar a nada, como en nuestras vidas; quiénes eran los de las conversaciones perdidas diciendo causales y posibilidades que ambos conocían como mentiras piadosas para no morir solos , aunque haciendo caso omiso a la sirena del barco advirtiendo de estar cerca de las rocas.
*expira*
Y qué hacemos ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario