Etiquetas

martes, 26 de julio de 2016

Procesos.

*

Cuarenta y cinco grados a la sombra, un embarcadero y un sopor interesante.
El sol aprieta, pero no ahoga, o eso quieres creerte mientras te evades y dices disfrutar de tu tiempo libre, pero en realidad tu vida hace años que no sabe a nada. Y cuando empieza a tornarse de olores intrigantemente agradables, huyes, porque es más sencillo que hablar claro, echarle cojones y enfrentarte a ti mismo y a la situación.

Como en el juego de mesa: apodérate del centro y tendrás la victoria asegurada, por eso escondes tu centro del mundo detrás de una máscara tupida. Detrás de una actitud egocéntrica y narcisista, con un egoísmo exacervado y una frialdad finjida. Por eso tu <<algo>>  
sonríe a través de tus ojos cada vez que alguien insiste en acercarse, por eso a veces se te escapan las sonrisas más bonitas del mundo. 
 
Y no te dejas llevar, porque prefieres dejarte arrastrar por el miedo, por la apariencia que quieres dar al mundo exterior. 
Y me entristece ver cómo te pudres dentro de la carcasa que te has formado; me entristece ver los celos que emanas cuando alguien, por el que no reconoces sentir nada, parece conectar con otra gente mejor que contigo, pero que en realidad sólo te tiene a ti, cada segundo, rondándole por la cabeza porque no quiere a nadie más en esa maraña de pensamientos. Pero al final se va, porque si no incentivas la estancia aunque sea con un agradecimiento, todo el mundo se va.
Y te regocijas en esa mentira que te has creído, hasta que vuelvas a encontrar a alguien nuevo y hagas lo mismo y volverás al "no estaba a mi altura" por cada marcha. Sin querer ver que, el que no llega a ninguna meta, eres tú, porque ese que enseñas no eres tú. 

Idiota de mí, con taras y tarada, seguiré dispuesta a ser la tabernera de bar portuario al que, al llegar, puedas emborracharte y llorar tus penas, puedas soltar el aire enrarecido que se acumula dentro -si es que algún día decides vivir- y compadecerse de ti, y curarte las heridas abiertas, animándote a dejar que alguien se acerque y que, si va a hacerte daño, seré tu fiel escudera. Pero al menos deja un botón de cuatro agujeros de propina, como forma de agradecimiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario