Sentada en el borde de la azotea, te pierdes en las lucecillas de la ciudad que te envuelve.
Piensas en lo mal que te estás mientras vacías la última de Brugal que te quedaba.
Empiezas a hacer memoria y llegas a esa fecha tan marcada, tan importante, tan asquerosa.
Desde entonces, desde ese día, los años pasaban desarrollándose con aparente normalidad, todo lo aparentaba. Las relaciones sociales externas siempre fueron malas, o siempre terminaban mal si no es que empezaban así... El único refugio que quedaba eran las internas y no.
El que considerabas tu superhéroe y modelo a seguir también te abandonó y ni siquiera quería decírtelo, la dama del sillón cada vez era más fría y la que te daba cariño casi no podías verla, aún así podías rebañar cada mínimo de cariño.
Con ese grado de anormalidad siguieron empeorando los años.
El reino cada vez te hacían sentirte más y más y más y mucho más sola, un día, fuera de él, encontraste a un jardinero que consiguió rescatarte de las garras de aquel monstruo que te arrastraba a las tinieblas. Jardinero al que amaste como a nadie pero, como era normal, las cosas terminaron mal, las rosas se marchitaron y las que quedaban hermosas fueron podadas, quedando de recuerdo los almendros en flor constante.
Siguieron pasando los días, empeorando tu situación emocional, el cariño se te enquistaba por momentos, entorpeciendo el transcurso de tu orden caótico interno.
Vislumbrabas sombras, figuras, llamas...
Pero de siempre ibas mirando al suelo, hasta que te paraste en frente de unos pies que se habían interpuesto en tu camino sin rumbo, lo rodeaste y se puso a caminar a tu lado, empezaste a levantar la mirada del suelo por matar la curiosidad que te despertaba ese ente extraño y diferente.
Y así estás, sentada con él al lado, sin entender muy bien qué es lo que pretende contigo, sin entender muy bien tus sentimientos ni cómo demostrarlos, con tu carencia de cariño, con la mirada perdida en el vacío, con la botella vacía en la mano.
viernes, 6 de diciembre de 2013
martes, 3 de diciembre de 2013
Maquillaje y ensoñaciones.
Una noche de celebración más pagana que de santos.
Bailes de máscaras, trajes cortos, maquillaje, discotecas llenas,
casas con niños correteando con caramelos, noche cerrada, frío otoñal...
Él...
Él enfrente de ti.
Le observas y no puedes evitar sonreír, le reconoces aún disfrazado,
con sus pintas, con su risa,
con sus formas.
La luz de su mirada que cada día ves brillar, esa mirada que en su día viste apagada,
como si alguien le hubiera dado motivos para sonreír.
Ese alguien que en su día fuiste tú,
pero que en su día también te lo arrebató todo.
Sonríes por verle feliz de nuevo, por veros felices, aunque no entre vosotros.
Ese reflejo de chispa entre ambos hace que te devuelva la mirada, que veas ese
pequeño resplandor gritándote "sálvame, sácame de aquí, vayámonos juntos, como
dijimos en su día" y tú empiezas a negar con la cabeza, viendo que se acerca a ti, te
agarra del brazo y te saca a la terraza.
Habláis.
Que si vuestra vida social, que si la vida profesional, que si la vida sentimental... Te
cuenta que está solo desde que os dijísteis "Adiós", le dices que ya encontrará a
alguien, te dice que te echa de menos, coges tu copa, te la bebes de un trago y le dices
que ya encontrará a alguien, que tú no vas a joderte la vida de nuevo, que lo pasasteis
bien en su momento, pero que ese momento ya había pasado.
Sales de la terraza.
Coges tu abrigo y te vas.
Según sales del portal te encuentras a quien te está haciendo la vida más fácil.
Te abraza.
Le abrazas sin pensamiento de soltarte.
Eres feliz.
Te hace feliz.
El resto sólo son meros recuerdos, meras sombras del pasado.
sábado, 16 de noviembre de 2013
N.
déjame libar de tu linfa,
robarte sonrisas cuando te enfadas,
mirarte a los ojos si te sonrojas
saborear cada una de tus pecas.
No son pocas mis caras de idiota,
mis
"¿dónde estás?"
entre la niebla;
mi música cuando hablas,
mi ternura cuando tiemblas.
Me acuesto sudando tu camiseta,
para encontrarte en sueños y dormir sobre tus te...mores.
Tu estela de guía,
Tú,
estrella polar en mi cielo,
y de mi película.
Así va la historia.
De dudas y miedos,
sólo ruido en nuestra histeria;
de palabras que no medimos y acciones que no pedimos.
De si bueno y breve, dos veces bueno, es mentira,
y contigo...
me quedaría mucho menos que a medias.
Grita...
...me al oído todas tus penas y alegrías,
haré que te rías todo el día con tonterías,
y se olviden las malas,
sólo queden las buenas.
No somos de nadie,
si acaso del tiempo,
y qué más da,
mientras sigamos vivos y nos quede aire,
y nos quedemos sin aliento en cada baile.
No eres de nadie,
si acaso del tiempo,
y qué más da,
mientras sigas viva y te quede aire,
y me dejes sin aliento y me concedas este baile.
martes, 29 de octubre de 2013
Cafeína o adrenalina, no recuerdo bien lo que era.
Vuelve el invierno, trayendo el frío físico de la mano.
Te enciendes el último cigarro, sentada en la cornisa de la azotea, mirando pasar la noche, como cada una de las que han pasado en estos últimos once años.
El cielo está estrellado e imaginado, ya que la contaminación lumínica ha apagado esos pequeños farolillos hace mucho,y la Luna creciente te sonríe, te relaja.
Corre una pequeña brisa invernal que te congela hasta los huesos, pero llevas rato sin sentir nada, horas sin sentir nada. Puede que incluso años.
Es de madrugada, la hora más oscura de la noche, te tomas tus veinte miligramos de Paroxetina diarios, te metes dentro de casa por tu ventana y sonríes, no sabes muy bien por qué, pero lo haces y empiezan a brotar lágrimas por tus mejillas.
Estás en la pared, frente a la ventana por la cual hace un minuto has entrado, la miras fijamente, coges carrerilla y saltas por ella, al vacío, sin contemplaciones.
Te enciendes el último cigarro, sentada en la cornisa de la azotea, mirando pasar la noche, como cada una de las que han pasado en estos últimos once años.
El cielo está estrellado e imaginado, ya que la contaminación lumínica ha apagado esos pequeños farolillos hace mucho,y la Luna creciente te sonríe, te relaja.
Corre una pequeña brisa invernal que te congela hasta los huesos, pero llevas rato sin sentir nada, horas sin sentir nada. Puede que incluso años.
Es de madrugada, la hora más oscura de la noche, te tomas tus veinte miligramos de Paroxetina diarios, te metes dentro de casa por tu ventana y sonríes, no sabes muy bien por qué, pero lo haces y empiezan a brotar lágrimas por tus mejillas.
Estás en la pared, frente a la ventana por la cual hace un minuto has entrado, la miras fijamente, coges carrerilla y saltas por ella, al vacío, sin contemplaciones.
martes, 1 de octubre de 2013
Cristal y no.
Una mesa de cristal, con un vaso de cristal, con una botella de cristal, con un cenicero de cristal lleno de colillas, con tu corazón de cristal...
No ves nada más que el humo que sale de los pulmones de tu alma, el teclado y en la pantalla una mierda escrita pensando en ella.
Te llaman al timbre, te levantas y abres, la chica con la que sales, a la que dices que quieres, sonriéndote en el umbral, se te escapa una sonrisa tonta y te das cuenta de que en la pantalla de tu portátil sigue estando lo que has escrito y ella no puede leerlo, no debe, le partirías el corazón. Te adelantas, le das un beso cariñoso y te apresuras a ir al salón y cerrar el documento.
Ella se sienta a tu lado y te empieza a contar cualquier tontería que sabe que te va a hacer sentir bien, que te va a dejar la mente en blanco, que te va a sacar mínimo una sonrisa... No le mereces y lo sabes, pero no quieres perderle, aunque sabes que, ese asunto de tu cabeza, tendréis que hablarlo.
Fuera empieza una tormenta de tamaño proporcional a la que se te avecina dentro.
Pones una película, ella está distante, pero no lo suficiente para negarse a estar pegada a ti, termináis echando el mejor polvo hasta la fecha y, aún desnudos, os ponéis a hablar.
Ella escucha, paciente, con mirada de comprensión y sabes que de verdad lo hace, tú sólo hablas, le explicas la situación y le enseñas el documento reciente. No puedes aguantar las lágrimas mientras le pides perdón y ruegas su cariño, que es lo único que te queda. Ella te abraza y te consuela, te quedas dormido en sus brazos, entre sus caricias, sabiendo que a la otra no la necesitas, sólo sientes un cariño pretérito estancado y te empiezas a dar cuenta de tu error...
Notas movimiento de cama, de ropa y de llaves, oyes la puerta cerrarse despacio sin hacer un ruido excesivo. Se ha ido. Lo entiendes, pero se ha ido dejándote solo en la tormenta.
Te levantas mareado entre lágrimas y lees la nota que te ha dejado: "lo siento, me surgió algo", entonces, sabes, que no volverá a ser nada. Que no te queda nada. Que le has perdido para siempre.
No ves nada más que el humo que sale de los pulmones de tu alma, el teclado y en la pantalla una mierda escrita pensando en ella.
Te llaman al timbre, te levantas y abres, la chica con la que sales, a la que dices que quieres, sonriéndote en el umbral, se te escapa una sonrisa tonta y te das cuenta de que en la pantalla de tu portátil sigue estando lo que has escrito y ella no puede leerlo, no debe, le partirías el corazón. Te adelantas, le das un beso cariñoso y te apresuras a ir al salón y cerrar el documento.
Ella se sienta a tu lado y te empieza a contar cualquier tontería que sabe que te va a hacer sentir bien, que te va a dejar la mente en blanco, que te va a sacar mínimo una sonrisa... No le mereces y lo sabes, pero no quieres perderle, aunque sabes que, ese asunto de tu cabeza, tendréis que hablarlo.
Fuera empieza una tormenta de tamaño proporcional a la que se te avecina dentro.
Pones una película, ella está distante, pero no lo suficiente para negarse a estar pegada a ti, termináis echando el mejor polvo hasta la fecha y, aún desnudos, os ponéis a hablar.
Ella escucha, paciente, con mirada de comprensión y sabes que de verdad lo hace, tú sólo hablas, le explicas la situación y le enseñas el documento reciente. No puedes aguantar las lágrimas mientras le pides perdón y ruegas su cariño, que es lo único que te queda. Ella te abraza y te consuela, te quedas dormido en sus brazos, entre sus caricias, sabiendo que a la otra no la necesitas, sólo sientes un cariño pretérito estancado y te empiezas a dar cuenta de tu error...
Notas movimiento de cama, de ropa y de llaves, oyes la puerta cerrarse despacio sin hacer un ruido excesivo. Se ha ido. Lo entiendes, pero se ha ido dejándote solo en la tormenta.
Te levantas mareado entre lágrimas y lees la nota que te ha dejado: "lo siento, me surgió algo", entonces, sabes, que no volverá a ser nada. Que no te queda nada. Que le has perdido para siempre.
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