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lunes, 20 de junio de 2016

Qué hago contigo.

Lleva tanto tiempo avanzando sin rumbo, que cuando ha conseguido llegar a la meta, ajada y moribunda, no supo cómo sentirse.
Y tú disfrutando la vida lejos de este despojo al que un día llamaste "amor".
Lleva alimentándose de las sobras del resto del mundo tanto tiempo que la victoria le sabe extraño. A lo largo de esta caminata, ha perdido mil veces a Sam y nunca ha tenido la entereza y esa capacidad de supervivencia de Robert Neville. Ni siquiera aprendió a cazar.
Sólo se ha convertido en la casa de acogida de un millón de niños perdidos que buscaban a Peter Pan y que terminaron yéndose volando. Y ni siquiera tiene para pagar la luz o el agua, sólo para estar, sólo para ser. Y ahora mismo, una vez ha terminado todo, va a abandonar el nido, el síndrome de éste le está afectando y sólo puede compararlo a cómo se sintió cuando tú lo hiciste. Siendo las comparaciones odiosas.
No puede tomarse ni un descanso para retomar fuerzas y está bastante agotada; <<bastante>> por no decir <<demencialmente>>.

*¿Que qué espero?*

Han cambiado muchas cosas desde la última vez, tanto que su pelo se ha convertido en helechos, cuyos soros albergan esporas de esperanza desperdigándolas por todas partes, sin quedarse nada para sí. Tanto que Bryan Mills decidió no buscar ni a su hija ni a su ex mujer y mucho menos vengarse. 
Los carroñeros se han comido todo lo bonito que quedaba, hasta la brizna de luz de sus ojos. Hasta los nervios amarillos de sus iris. Recuerdo a John Wick reflejado ellos, buscándose cualquier excusa para manterse con vida y no recaer ni incumplir las normas básicas del hotel. Y a quién le importa nada ahora.


*Chirridos y balbuceos*

jueves, 5 de mayo de 2016

Con uve, como mi falda.

Te hablo desde las profundidades del visillo que cubre la ventana. 
Desde el más hondo suspiro que se escapó.

 Me abro a ti con toda la fragilidad de un cristal resquebrajado, esperando que el mazo que tienes entre las manos me termine de estallar en la cara y me convierta en una lluvia brillante. 

Me deslizo como si fueras una ladera nevada de canela en llamas. Tengo la sensación de ser una sábana de seda rodando por colinas y raíles enraizados sobre ti. 
Y tú, indiferente.
Como quien oye que ha caído un edificio sin víctimas.
Las bolsas de las ojeras que acarician las pecas veraniegas que te florecen, 
me recuerdan  
que no soy válida para ti
Sé que nunca tuve cabida en tu vida,
nunca más que una visita inesperada.
Nada más que un par de consejos 
perdidos en tu mundo. 
Sin poder ver ni a dos palmos.
Una niebla espesa nos rodea del resto cuando me abrazas y todo tiende a ser más tranquilo, apetecible.
¿Se pueden contener las ganas de comerte la boca, el alma y la vida?

*disimula mejor*

Vomitándonos buttercream de colores,
como si pudiéramos tolerar tanto azúcar
sin azufre. 
Tengo rotos los tendones
de sujetarme a ti como si fueras a salvarme,
como si no fueras a caer 
sin mí
e irte.

*                      *                      *

Cómo coño nos hemos metido, hablando de futuros inciertos, en países exóticos, como islas desiertas y conciertos de estrellas. Y nubes. Y humo. Y mensajes de socorro escritos con los dedos en la espalda.
 *inspira*
Dónde nos estamos ahogando. Las ganas de gritarte donde siempre, al oído, que me está devorando esta manía de colocarte la maldita chaqueta. Y cerrar los cajones, fumándome tu existencia, reduciendo mi capacidad pulmonar a negativos en busca de revelados.
 *espira*
Cuándo nos hemos visto en el paso de años venidos a menos y a distanciamientos innecesarios para echar a correr y aullarle al sol; y terminar quemados. Noches sedientos de locura y una gran cantidad de alcohol en sangre, donde nuestro subconsciente nos decía que arrancásemos la ropa, que vivir desnudo es vivir mejor.
 *inspira*
Por qué la cortina de tu habitación tenía esos colores vibrantes y no yo vibrándote dentro, como un consolador de ocho velocidades y cambios de marcha. Las vísceras esparcidas por el suelo siempre nos recordarán las risas mientras nos picábamos complicidad en vena y dejábamos de ver más allá del iris contraído.
 *espira*
Quiénes nos creíamos que éramos para parecer tanto y luego no llegar a nada, como en nuestras vidas; quiénes eran los de las conversaciones perdidas diciendo causales y posibilidades que ambos conocían como mentiras piadosas para no morir solos , aunque haciendo caso omiso a la sirena del barco advirtiendo de estar cerca de las rocas.
 *expira*
  Y qué hacemos ahora.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Ahí queda todo: en nada.

Y te despiertas en un hospital, siendo atendida por seres sin rostro. Sin música. Y sólo sabes que los lavados de estómago duelen, que te dicen que no vuelvas a hacerlo y que no toques el alcohol, ni para desinfectarte las heridas. Que te quieren internar. Que fuera te está costando demasiado sobreponerte. Que después de todo, sigues sin adaptarte a nada.

Un día te levantas y ves que las ventanas vuelven a estar tapiadas y que el incienso está encendido. A saber cuánto lleva así o si alguna vez no lo estuvo. 
La moqueta vuelve a estar oculta debajo de toneladas de cenizas y no sabes qué ha pasado ni por qué la música ha dejado de sonar. 


Innecesaria. Inútil. Inestable.

"Al fin de cuentas no era más que una ilusión auditiva", piensas. 
Te sientas delante del piano de pared y recuerdas a Emily, pero tú no estás muerta y ni siquiera sabes tocar los platillos.

"Sensible"
"Dramática"
"Susceptible"
"Ingenua"

Sustituida en poco más de un mes como quien tira un cuadro porque no pega con el resto del salón. Y queda más bonita la pared en blanco. 
Sales dando un portazo y ni siquiera llevas llaves; necesitas tu cornisa del piso veintitrés. Y fumarte todo lo que tenías escondido de miradas indiscretas. Las cajetillas al día habían sido cosa del pasado, pero ya no tiene sentido. 
Miras la ciudad a la hora de la siesta y parece tranquila, parece que no hubiera desastres mundiales dentro de cada casa. Y piensas en cómo has vuelto a esta situación y dónde se habrá quedado tu cuerda de seguridad.
Pareces una chimenea en invierno. Y a todos has dejado de importar, mejor dicho: en todos has dejado de encontrarte. Hasta de ti misma. Y lo que en su día fue algo, hoy se queda como Missa pro defunctis.

¿Y dónde se han quemado las promesas?

Y miras su regalo de cumpleaños y no sabes si esperar a la fecha, enviarlo ya o quemarlo contigo. 

martes, 9 de junio de 2015

Hay demasiado contrapeso en la balanza.

Entra el olor a lluvia por la ventana tapiada que da al vacío. Suenan los violines y, joder, qué frío.
Decepciones de gente cercana, aunque eso de que sean gente se queda corto. Más quisieran serlo, ya les gustaría. Desilusión por el vigésimo "nosecuántos" aniversario de vida inútil. Sólo espero ver a nadie.
Incompetente. Inválida. Insustancial. Improductiva.
Haber sido sustituida por unas vitaminas efervescentes, al parecer es bueno para toda la familia y amigos.
¿De qué sirve llevar al extremo eso de "ser lo mejor de una misma"? 
¿El "no hagas al resto lo que no quieres que te hagan a ti"? 
Las pastillas siguen haciendo su trabajo: joder los neuroreceptores. 
¿Y qué le puedo hacer? 
Pinchazos en el lado derecho que hacen aventurarme a ver color amarillo en mis ojos. 
¿Y a ti qué te importa? -Nada, el morbo-.
Se acerca el verano sin superar los treinta centígrados y, joder, qué mal. Verano de mi vida, te voy a pasar borracha y fumando. 
La vieja y el amar, tirada en mi playa de cenizas de incienso de vainilla, mirando con nostalgia la cornisa. Intentando ahogarse en el mar, como todos los años.
Me quedo con los "te quiero" falsos y el:
"-Voy a tapiar la charca y pondré una verja electrificada, a ver quién es el guapo que se atreve a acercarse.
-Pues yo. Qué preguntas más tontas dices." 

Cuidado con mi nombre, te va grande; pronúncialo bajito, que eres un ser humano.
Quién se acerque, que traiga la ofrenda a su dios, las monedas de cambio y hechos demostrados de sus promesas; si no, no podrá entrar en el templo.

domingo, 24 de mayo de 2015

Dos cafés y un ¿poema? Y un problema.


Al "no sé, es que siempre ha sido así" y no ver más allá. 
De sensaciones que te desgastan y no renuevan. De mierda sonada.
De no poder salir a la calle sin miedo, ya que en cualquier momento te pueden matar; con una navaja, con una ley o de aburrimiento, porque siempre es lo mismo. 
Estoy asqueada.
Todo se resume a números y eufemismos.
A aplausos de un público descerebrado llevado al extremo de la decadencia. Y lo peor es que es celebrado.

Te preguntan quién quieres que te oprima las pelotas en el cuello, pero no quién te representa. 
Te juzgan por un número: en tus notas académicas, en tus cuentas bancarias, en tus relaciones sociales y sexuales... Nos resumimos en un código de barras tatuado en la muñeca y aún así nos quejamos de que somos libres de poder comer o descomer.
No somos más que sombras en ciudades perdidas entre el humo de los motores que las mueven, gracias a nuestros alientos más condenados.
Te hablan de libertad obligándote a hacer lo que quieren que hagas, obligándote a ser un subproducto para que luches en guerras que no tienen  nada que ver contigo, ni con tus ideales, ni con tus gustos. 
Eres un Sturmgewehr 44 en manos equivocadas y no distingues si al que apuntas es amigo o enemigo. Y obviamente, te da igual.
No te preocupas por nada más que por el punto fijo al que te han enseñado a adorar y que nadie intente quitarte las pajas, que muerdes.

¿Qué os pasa? ¿Desde cuándo estáis tan muertos que habéis empezado a preocuparos de los seres que os parasitan? ¿No veis que sólo es un mero bucle al que os han enseñado como natural, pero que no lo es?
¿No os sentís sucios por festejar nimiedades como comulgar, aprobar, salir con alguien o simplemente porque no ha salido mayoría absoluta? 
Y no me vengáis con un "pero poco a poco" porque no sabéis lo que es que necesites una escalera para que tu situación mejore un simple escalón.

Somos despreciables en problemas de valores absolutos. Y no os preocupéis, que serán cosas mías.