miércoles, 26 de octubre de 2016
Desorden inconexo.
Perséfone.
Salta, pequeña Perséfone, dentro de poco nos veremos.
martes, 13 de septiembre de 2016
Eras, eres y serás.
Pasión descontrolada entre melenas salvajes de colores oscuros, cobrizos y tendencia ondulante, que formaban un bosque perdido.
Arañazos que desgarran la piel de seda moteada y, además, marcan el camino hacia una locura inconmensurable.
Labios mordidos y sangrantes, lienzos y pinceles a la vez, que descubrían nuevos ecosistemas donde pararse a vivir por un tiempo.
Ira proyectada en la asfixia cuando el momento del éxtasis embriagaba sus almas.
Ante todo.
Turbulencias de una continuada actividad motora en busca de una mejor fricción.
Incontinencia verbal de gemidos gritados a una habitación insonorizada, llena de instrumentos musicales.
Vociferantes espectros dejándose llevar por el canto de sirenas en mares formados por fuerzas de rozamiento.
Ornamentación innecesaria con palabras, para poder definir lo sucedido en unas noches de lujuria y nada más.
-Eras, eres y serás paliativo, amor-.
al dejar que se fuera de su alrededor,
empezó a equilibrarse.
martes, 16 de agosto de 2016
Nunca vi algo tan a la vista.
vidas, menores.
Las flechas de sonrisas lanzadas entre
dos almas,
unidas, por sus meñiques
con el lazo rojo
de sangre, sudor y lágrimas,
más allá de lo físico.
Sacándole partido al viento,
a ser parte del cosmos. A las pocas
fuerzas.
Poder entre átomos
reunidos físicamente.
Químicos.
Unión molecular,
colocando andamios
y redes de sujeción,
por los derrumbamientos,
previstos.
Caballeros sin espada,
ni banderas,
que luchan por sus Dulcineas,
sentadas en la Luna,
desde un rocín cadavérico
y con pocas ganas de querer trotar.
Listas de cosas, poco empaquetadas, sin un vacío. Como el relleno de acción de gracias.
Sólo vidas, inmóviles a los ojos, atómicas al alma.
Y sin mí, un tú muy apetecible que no pudo ser y, total, puede que no nos volvamos a ver.
martes, 26 de julio de 2016
Procesos.
Cuarenta y cinco grados a la sombra, un embarcadero y un sopor interesante.
El sol aprieta, pero no ahoga, o eso quieres creerte mientras te evades y dices disfrutar de tu tiempo libre, pero en realidad tu vida hace años que no sabe a nada. Y cuando empieza a tornarse de olores intrigantemente agradables, huyes, porque es más sencillo que hablar claro, echarle cojones y enfrentarte a ti mismo y a la situación.
Idiota de mí, con taras y tarada, seguiré dispuesta a ser la tabernera de bar portuario al que, al llegar, puedas emborracharte y llorar tus penas, puedas soltar el aire enrarecido que se acumula dentro -si es que algún día decides vivir- y compadecerse de ti, y curarte las heridas abiertas, animándote a dejar que alguien se acerque y que, si va a hacerte daño, seré tu fiel escudera. Pero al menos deja un botón de cuatro agujeros de propina, como forma de agradecimiento.