Déjame fallarte hasta que me caiga y no haya nadie más que tú para poder levantarme. Que no necesito más oxígeno que el que consumes, para poder vivir.
Demostremos que merece la vida la pena matándonos a llorar de risa.
Seamos un pequeño club social único, de dos personas, de dos almas distintas.
Permíteme olvidar toda mi mochila en cualquier cuneta y poder cargar contigo una más bonita y ligera.
Recuérdame cuando me siente a lo indio cabreado y deje de andar, puede que si lo haces te salte encima y te coma a versos bonitos a la oreja.
Ni se te ocurra entorpecerme en mi manera de complicarme la vida teniéndote cerca.
Conóceme hasta el más diminuto de los detalles, pero dímelo poco a poco empezando bajito.
Que el límite es el cielo, pero que para llegar allí hay que saltar muchos charcos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario