Áspero carraspeo.
Como las olas en un papel agitándose.
Subes y bajas.
Convulsionas.
Suspiros y desgana en pequeñas gotas.
Así.
Suave como la miel.
Desde la tierra se oyen sollozos de pañuelos desgastados del uso.
Llantos que no caben.
Creces entre juegos de cartas y contratos con Rampelstinskin.
Pobre infeliz.
Siempre presumiendo, fanfarrón, de lo bien que se te da satisfacerlas a todas.
Satisfacerte.
El placer por el placer. Pero no.
La cagaste. Dejó de ser lo que debió para dejar paso a la nada.
Tormentas.
Te terminas fumando hasta el filtro. Pero no había.
Tus arterias terminarán explotando, pero no antes de que lo haga lo que bombea la sangre por ellas.
Admítelo, no te acuerdas de ella. O mejor dicho: no recuerdas más que a ella con lagunas.
¿Cómo era su pelo? ¿Rubia, morena, pelirroja...? ¿Tenía algún color fantasía...? ¿peliverde quizás? Tantas noches en tu cama y ni siquiera te acuerdas de ese detalle.
Sólo recuerdas los orgasmos, corrientes de escalofríos mientras te clavaba los ojos y las uñas... Esos ojos de los que se podrían escribir mil y una odas... Esos ojos color infinito...
Sólo recuerdas sus ojos y la palidez de su piel, su terso torso... Y sus cuartos trasteros.
El caos y su magnificencia.
De tus noches de desconsuelo se hizo ella eco. De tu hombría se creo su trono.
Y ni siquiera eres consciente de lo que te importaba que se bajase a cometer actos impuros en tu bajo vientre.
A tu parecer no era más que otra suculenta presa, normalita, sin ninguna característica especial más allá de lo bien que le quedaban la desnudez. Siempre seguías lo de "la virtud está en el término medio" y se te fue de las manos.
Infantes sueños.
Imberbes sentimientos que creías olvidados.
Pobre infeliz (xbis2)
Te creíste el rey de todas sus montañas y de todas sus simas. Arrancándote por gritos de placer.
Y fuiste una presa normalita. Sin nada característico ni distintivo de las demás.
Cazador descuartizado.
Desde el frío suelo sigues desconsolado. Nunca te gustaron las calurosas noches y mucho menos en verano.
Estás cayendo, no te preocupes, terminarás tocando techo... Cuando consigas refrenar tus deseos de encontrarla. Cuando dejes de querer sentirla.
Cuando vuelvas a ser ese Don Juan con ganas de todo.
Cuando vuelvas a ser ese Dandy con nada que perder.
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