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jueves, 1 de mayo de 2014

Es un día del trabajo tirándose a un domingo.

No sé, es jueves y me siento de domingo de luto.

Puede que todo esto empezara ayer. O que lleve arrastrando el cadáver desde hace un kilómetro.

No sé, puede que sea que mis amigas siempre me han estado vendiendo por penes, por otras o por otros intereses.

No sé, puede que sea porque mis parejas siempre se han centrado en el sexo y me han vendido por coños, tetas o cuatro culos de la calle.

No sé, puede que la poca gente que me rodea sea imbécil o poco más que gilipollas.

No sé. 

Puede que incluso sea porque últimamente escucho demasiado a Cheb Rubën, leo a Stanislavki o porque me gasto el poco dinero que cae en mis manos en conciertos y viajes y no en evasiones adictivas.

Quién sabe.

Puede que sea por las pastillas y sus efectos secundarios, incluso puede que este cansancio tanto físico como mental sea por carencia del afecto que necesito y no por los antidepresivos.

No recuerdo bien cuando empezó este desdén hacia la vida. 


Hoy es un día soleado y no quiero salir de esta habitación claustrofóbica y con envidia de zulo.

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