Puede que todo esto empezara ayer. O que lleve arrastrando el cadáver desde hace un kilómetro.
No sé, puede que sea que mis amigas siempre me han estado vendiendo por penes, por otras o por otros intereses.
No sé, puede que sea porque mis parejas siempre se han centrado en el sexo y me han vendido por coños, tetas o cuatro culos de la calle.
No sé, puede que la poca gente que me rodea sea imbécil o poco más que gilipollas.
No sé.
Puede que incluso sea porque últimamente escucho demasiado a Cheb Rubën, leo a Stanislavki o porque me gasto el poco dinero que cae en mis manos en conciertos y viajes y no en evasiones adictivas.
Quién sabe.
Puede que sea por las pastillas y sus efectos secundarios, incluso puede que este cansancio tanto físico como mental sea por carencia del afecto que necesito y no por los antidepresivos.
No recuerdo bien cuando empezó este desdén hacia la vida.
Hoy es un día soleado y no quiero salir de esta habitación claustrofóbica y con envidia de zulo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario